Los pliegues de la lucha // Alejandra Rodríguez*


Después de un año de conflictos constantes, maltratos laborales, desmantelamiento de programas y áreas del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación, y corriendo la última semana del año, Esteban Bullrich ordenó efectivizar el despido de 400 trabajadoras y trabajadores de la planta  del Ministerio y 2600 tutores virtuales del Programa Nuestra Escuela, quienes quedarían sin trabajo a partir de enero del 2017. A partir de la confirmación de esta situación, comenzó un proceso de asambleas y acciones directas, impulsadas por las delegadas/os de la Junta Interna de Ate del Ministerio.

Este conflicto es parte de un proceso gradual enmarcado como estrategia del proyecto político de la actual gestión, que viene socavando y desmembrando la educación pública a lo largo de todo este año. La gestión Bullrich, desembarca en el Ministerio Nacional con las banderas de la meritocracia, la innovación y las neurociencias. No vienen solo a vaciar, sino a reconvertir, a modificar, a reemplazar determinadas políticas por otras. El recorte en esta primera etapa, está orientado especialmente a las políticas socioeducativas y la formación docente, que se ve significativamente amenazada con los cierres de los postítulos y cursos virtuales gratuitos, de calidad y accesibles para todas/os los docentes de nuestro país que se implementan a  través del Programa Nuestra Escuela. Por otra parte, en nombre de las autonomías provinciales, la cartera nacional, se desentiende de garantizar un piso de igualdad educativa a nivel federal. Conquistas educativas fundamentales obtenidas socialmente en la década pasada y amparadas en la Ley de Educación Nacional sancionada en el año 2006.

Ante este panorama, varias trabajadoras y trabajadores decidimos comprometernos en la lucha sindical, un lugar real y necesario de resistencia, desde el cual organizarnos para defender no solo los puestos de trabajo, sino  el sentido de la educación pública, ligada necesariamente con una idea de país y un modelo de sociedad. A muchos, nos vinculan afectos construidos en años de compartir experiencias laborales, de amistad y compañerismo en una amplia trama de docentes y trabajadores de la educación de cada uno de los rincones de nuestro país. Desde esta perspectiva entendemos que el Estado es hoy un territorio de disputa simbólico, material y afectivo.

A partir del conflicto, nos permitimos abrir algunos pliegues necesarios de pensar, compartir y discutir, ya que estamos ante una situación que - lejos de ser un reclamo sectorial- se ensambla con luchas y desafíos políticos, más acá y más allá de lo concreto de la disputa.

El  alcance político de esta lucha dependerá en gran medida de tres desafíos fundamentales. Por un lado, la capacidad que tengamos para abrir este conflicto hacia el conjunto de la sociedad: sabemos que no es un tema sectorial, pero esa certeza se debe traducir en una estrategia de comunicación y visibilidad capaz de recurrir a nuevas palabras, imágenes y acciones que interpelen sensiblemente a quienes aún lo ven desde lejos o consideran que es un tema entre el sindicato y el gobierno. Si el destino de la educación pública es el destino de la sociedad en general, estamos desafiados a ensanchar cada vez más ese abrazo.

Otro aspecto clave requiere de una mirada amplia que nos permita integrar y articularnos con otras luchas y resistencias políticas que nos acompañan y preceden. Milagro Sala sigue presa en democracia. Las mujeres mueren día a día en manos de los varones y son víctimas de múltiples violencias por parte del poder patriarcal. El gobierno avanza con el proyecto para bajar la edad de punibilidad, mientras se achica el Estado educador se ensancha su mano represiva y criminal sobre nuestros niñas/os y jóvenes más vulnerados. ¿Acaso todo esto no tiene que ver con la educación pública? ¿Qué supone la educación en un sentido profundo sino no una manera de ser y estar con otras/os?

Por último, un desafío en sintonía con lo anterior, se refiere a los modos de hacer política dentro del ámbito sindical. Las delgadas/os que estamos llevando adelante esta lucha, fuimos electos a fines de noviembre pasado. La mayoría sin previa experiencias en el sindicalismo, paridos por el ajuste feroz del gobierno macrista y muchas de nosotras -con más o menos conciencia-  como expresión de la fuerza e irrupción desbordante de las mujeres en la escena pública. Construirnos como cuerpo colectivo de delegadas/os es otro aspecto que estamos transitando en medio de este conflicto. Nuestra fortaleza se alimenta de las múltiples y distintas trayectorias políticas y vitales de cada una/o. Albergar esta pluralidad es una tarea compleja y necesaria. En este sentido, me pregunto si se puede construir, sin integrar en esta lucha, la expresión política más contundente de este último año, me refiero a la potencia de las mujeres tomando las calles, construyendo discursos, repensando el poder y los modos de hacer política, desbordando estructuras e instituciones muertas, con la fuerza, la vitalidad y la invención de la palabra femenina. Nos pregunto: ¿Cómo inscribir dentro de esta lucha una perspectiva femenina?; ¿Cómo hacemos para desplegarnos en un ámbito tomado por el decir/hacer de los varones?; ¿Cómo entrelazar la defensa de la educación pública con nuestros derechos como mujeres a ser respetadas y escuchadas? Somos con otras y otros en la historia de un tiempo decisivo. Luchemos para estar a la altura de este tiempo.
  
*Trabajadora del Ministerio de Educación de la Nación, delegada de la Junta Interna de 
ATE
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