En el país donde se inventaron las redes sociales, ganó un troll // Ezequiel Gatto
¿Por qué ganó?
1- Trump
operó una homologación que parece haber sido una de las claves de su victoria.
Se dice que “fue honesto”, que supo ponerle los puntos sobre las ies a un
Partido Demócrata anodino y a una candidata que tuvo que hacer un esfuerzo
descomunal para parecer agradable y creíble. El discurso de Trump tuvo como
objeto calificar a su oponente de “hipócrita”. Y le dio resultados. No porque
el propio Trump no sea un personaje desagradable y mentiroso. Los votantes de
Trump saben que Donald no es un bebé. Pero eso no fue lo importante: ante el
ataque moral o ético, Trump respondió con una serie de mea culpa o
reivindicaciones abiertas de conducta autoritaria y cínica. Y le funcionó. La
gente parece haber votado por esa sinceridad sucia, la honestidad del que te
avisa que te va a cagar. Más vale maldad reconocida que bondad aparente.
En ese esquema, Trump operó una segunda
estrategia: homologó sinceridad a agresión e hipocresía a buenos modales. De
esa forma, Hillary se convirtió en una suerte de Dr. Jekyll preocupado en no
mostrar su lado Mr. Hyde mientras él, bruto pero honesto, bestial pero sincero,
aparecía como un ejemplo de valentía y frontalidad. Esa homologación le
permitió tener un discurso odioso. Entonces, el círculo se cerró y el odio se
convirtió en honestidad.
2- Hay
un prejuicio liberal que dice que el racismo se cura con educación. Habría que
ver con qué educación, porque el 45% de las mujeres blancas con formación
universitaria votaron por Trump, el mismo porcentaje de graduados
universitarios y un 37% de doctores. Por su parte, el 25% del total de votantes
no blancos sin título terciario votaron por Hillary mientras que el 50% de los
blancos con igual formación votaron por Trump. En el país donde se inventaron
las redes sociales, ganó un troll.
3- Una
postal de la desazón: diez días antes de las elecciones tomé un taxi en
Baltimore, Maryland. Fue un viaje largo, casi media hora. Hablé con el chófer,
un hombre de unos cincuenta años, de Ghana, que hace seis años que vive en esa
ciudad. Le pregunté si podía votar y, en caso de hacerlo, por quién lo haría:
me respondió que no podía votar pero que lo hubiera hecho por Trump. Sentí un
abismo extenderse dentro mío, hecho de tristeza pero también de un enojo muy
profundo; tomé aire y le pregunté por qué haría eso. “Porque si gana Hillary
las mujeres tendrán mucho poder en este país. Los hombres ya no importan aquí.
Se necesita un hombre fuerte”.
4- Es
llamativo que, en varias estadísticas, el voto, desagregado por ingresos
económicos, deja claro que el apoyo a Trump no fue sólo un voto de los pobres o
de los excluidos de la economía global. En cambio, se contempla un llamativo
equilibrio entre estos términos: millonarios, clase media alta, media baja y
pobres votaron a Trump más o menos en las mismas proporciones. El dato grafica
que el voto no fue exclusivamente económico, sino que un sector de electorado
votó por razones no directamente económicas, sino securitarias,
segregacionistas, misóginas. La larga marcha de la micropolítica racista (en
los años de un presidente negro y una industria de la prisión de los
afroamericanos) puso a Trump en la blanquísima Casa Blanca.
El penúltimo número de The Village Voice dedicó varias notas a recorrer esos
lugares -del centro-oeste- donde la segregación es un sueño eterno. Este
aspecto me parece importante para matizar el discurso que asemeja lo sucedido
con Trump al Brexit: la elección del multimillonario expresa más directamente
una política, no sólo proteccionista sino también duramente racista (no tanto
del exterminio como del reforzamiento del sistema de castas que compone en
parte la sociedad estadounidense).
¿Qué puede pasar?
5- Desde
ayer se vienen reportando casos de agresión racista o xenófoba postelectorales.
Quizá no sepamos bien para qué sirve el Estado pero estas situaciones dejan claro
que el efecto de respaldo que provoca la elección o no de un candidato es
notable. Se multiplica y potencia una subjetividad linchadora y ciertas
presiones humanitaristas ceden ante una escalada de odio. En el caso argentino
se pudo notar algo similar (un ataque, aún en curso, al discurso de los
derechos humanos). En ese sentido, no es impensable que los conflictos y
enfrentamientos horizontales tiendan a crecer a medida que lo peor de la
supremacía blanca comience con su vulgar display
of power.
Y no es de esperar que los agredidos se
queden quietos: desde ayer, el activismo estadounidense entró en pánico y está
buscando elaborar lo sucedido, construyendo rápidamente estrategias de
movilización callejera. En ese sentido, esta elección mostró una marea de
personas que votaron a quien creían el mal menor. Hay algo en esa militancia
desapegada, instrumental que me parece valioso: funda una distancia con el
propio candidato que, en estos casos de derrota electoral, puede derivar en
nuevas relaciones políticas paridas en esa escena, no tanto de orfandad como de
adopción táctica. Habrá que ver qué pasa en esa mezcla de movimientos,
decepcionados por Obama y preocupados por Trump.
6- Mientras
muchos mercados y paquetes de acciones de empresas globalizadas cayeron ni bien
se dio el resultado, en una suerte de cristalización de tendencias por venir,
como son la criminalización de la migración y el prometido imperio de “la ley y
el orden” en los barrios de latinos y negros, subieron las acciones de las
corporaciones carcelarias privadas.
7- Las
policías tendrán un respaldo legitimador inmenso para tareas de control social.
Ajustarán controles migratorios y, a mi entender, si Trump busca cumplir su
discurso de “ley y orden” en los barrios negros, las tasas de brutalidad
policial van a crecer notablemente.
8- Cito
a Sergio Arelovich, economista y compañero: “Algunas pistas permiten imaginar
la potenciación del conflicto de intereses entre las grandes potencias
occidentales y orientales. Es inimaginable que esas disputas se resuelvan en un
campo de batalla como fue característico de la consolidación del imperialismo
en la 1ª y la 2ª Guerra Mundiales porque sería la última etapa de la historia
humana. Pero es previsible que el sentido del conflicto sea centrípeto y no centrífugo:
que la economía de USA se cierre, que cuide sus fronteras, que intente
repatriar inversiones en el exterior, que acelere la producción de
biocombustibles para atenuar aún más la dependencia de hidrocarburos, que la
expulsión de áreas centrales de producción tecnológica a México, India o Israel
pretenda ser revertida en parte. No se trata de un pronóstico, sino simplemente
de describir las áreas en las que podría haber novedades en materia de política
interior y exterior de la mano de la gestión Trump. (Mientras acá, en
Argentina, tenemos a alguien que quiere integrarse al mundo cuando este ha
comenzado a estrechar sus puertas de entrada)”. Agrego: creo que el sueño
proteccionista de Trump no es mucho más que “trabajos en Estados Unidos con
sueldos chinos”.
9- Como
me decía Vicente Rubio-Pueyo en conversación en Nueva York, el mano a mano con
Trump permitió a Hillary diferenciarse fácilmente. En ese sentido, le permitió
tener un discurso mucho más de derecha que el que hubiera tenido frente a un
contricante menos bestial. Lo que parecía un negoción para la señora terminó
muy mal. Soy historiador pero a veces recaigo en la fantasía de lo
contrafáctico y ahora mismo me hago una pregunta que se conecta con el voto
pobre y blanco a Trump: ¿Qué hubiera pasado si el candidato era Bernie Sanders?
¿Qué hubiera pasado si su programa de reindustrialización -desde una posición
más liberal- hubiese podido ser votado por los pobres blancos del mid-west?
10- No
hay lágrima alguna que derramar respecto a Hillary. Una dirigente complicada y
aliada con el presidente que decretó las peores leyes carcelarias de la
historia del país. Hillary será vista, idealizada, como una posible gran
presidente por muy poco tiempo. No es famosa por grandes gestos de justicia y
no lo será ahora. En ese sentido, a diferencia del caso argentino, donde
Cristina Fernández se despidió con cientos de miles de personas en Plaza de
Mayo y desde el minuto uno del gobierno de Macri ha funcionado en una clave
comparativa. No hay donde volver. Ni siquiera a Obama que, de a poco, a pesar
de la simpatía que despierta, fue decepcionando con sus políticas tibias,
cuando no en directa oposición a su programa inicial. Evidentemente, la figura
de Obama se ampliará, pero sólo porque la tormenta que sopla de frente es
demasiado grande como para no anhelar al menos un tienda de campaña. Lo que
parece venir es un movimiento que tiene acumulado saberes heterogéneos (desde
Seattle a Occupy Wall Street, pasando por Black Lives Matter, las luchas
migratorias, etc.), que no tiene donde volver y que tendrá que inventar nuevos
modos de interpelar a una población que ha llegado al extremo político de votar
lo que votó. Un desafío, por lo demás, que parece ser un rasgo común a muchas
situaciones a lo largo del planeta.
¿Diferencias con Macri?
11– Suena divertido, pero Trump no es Macri:
al primero lo votaron en gran medida (aunque no solamente) sectores perdedores
de la economía norteamericana; al argentino lo votó un enorme sector social que
disfrutó del neodesarrollismo kirchnerista. De día no todos los gatos racistas
son pardos y las diferencias no son irrelevantes a la hora de pensar nuestras
estrategias.
Por otro lado, el racismo no es un
subproducto necesario de la pobreza económica. Muchos ricos y clase media
votaron a Trump por motivos más segregacionistas y xenófobos que las razones de
supervivencia económica de la clase trabajadora. En eso, macristas y
trumpistas, en la punta de la pirámide, apólogos de la desigualdad neoliberal
crónica, se asemejan.
12- En
Argentina gobierna un empresario cínico cuya estrategia electoral consistió en
agredir lo mínimo indispensable, apelando a un discurso del “fin del odio” y
ofreciéndose como médium para una hipotética reunificación nacional. Trump es
un empresario cínico cuya estrategia consistió agredir lo máximo posible y
ofrecer un escenario de tensiones. Hijos prodigios del mundo contemporáneo, el
primero apareció como un especialista en coaching, un gurú, un hombre de la
autoayuda; el segundo como un troll, un comentarista anónimo de diarios con la impunidad
necesaria para disparar violencias verbales pesadas.
13- Cito
un comentario de Ariel Giulini en mi muro de Facebook: “Trump se cansó de
prometer barreras arancelarias para las importaciones y proteger la industria
local. Su idea de ‘hacer a Estados Unidos grande de nuevo’ pareciera querer
decir hacer renacer la industria añorada, cuyo retroceso impacta tanto en el
imaginario norteamericano”. Macri, en cambio, ha enfatizado el endeudamiento
internacional, añorado una lluvia de inversiones que nunca llegará, proclamado
el regreso al mundo de Argentina, luego de una década de supuesto aislamiento.
Viene poniendo en acto medidas de apertura de importaciones letales para la
frágil industria argentina y sueña con disolver al país en todos los tratados comerciales
que los demócratas norteamericanos le proponían. Tiene algo gracioso todo esto:
Macri se declaraba el futuro cuando en verdad no hacía más que repetir un
modelo ya agotado. Ahora quedó a medio camino y su futuro político se empieza a
tambalear en serio.
[fuente: http://revistaalexia.es/]