Crónica del levantamiento de Charlotte // Liz Mason-Deese

desde Carolina del Norte


El martes pasado estallaron las protestas en Charlotte, Carolina del Norte, después del asesinato de Keith Lamont Scott por la policía. Según su familia y otros testigos, Keith Lamont Scott, de 43 años y recién discapacitado por un accidente de moto, esperaba que su hijo bajara del bus; mientras permanecía sentado en su auto, leyendo un libro. Por el contrario, la policía alega que Scott estaba armado. Si no acató la orden de la policía, insiste su familia, se debió a su discapacidad.

Cinco días después, el llamado levantamiento de Charlotte sigue y crece, a pesar de la presencia de la Guardia Nacional en la ciudad. Son muchos los que relatan que la mayoría de los manifestantes son jóvenes negros, entre 16 y 35 años, pero que también cuentan con bastante apoyo de gente blanca, asiática y latina. Hay también una mezcla de activistas con muchos años de experiencia junto a personas que nunca habían ido a una marcha y que se movilizaron por primera vez, hartos de ver tanta violencia en sus comunidades y sabiendo que no se puede contar con la justicia formal.

Martes 

El martes, cuando Keith Lamont fue asesinado, los organizadores y activistas locales llegaron rápido a la escena. Mientras tanto, también se acercaba mucha gente del lugar sin conexión con ningún grupo oficial, vecinos de Lamont, miembros de la comunidad negra, otros que fueron escuchando la noticia, quienes se iban enterando por las redes sociales.

Se escuchaba los cantos ahora ya bien conocidos: “¡Las vidas negras importan!” “¡Sin justicia, no hay paz!” Y más: “Son animales de mierda, ¿por qué no protegen nuestras comunidades?” “¡Puños para arriba!” “Ya no lo aguantamos más. Nos mataron demasiadas veces.”

Un hombre conducía un auto atrás de la protesta y subió el estéreo, pasando un tema del rapero Boosie Badazz. Los manifestantes empezaron a cantar y empujar hacia adelante. Los policías dieron marcha atrás pero mantuvieron la línea. El baile se detuvo. Se tranquilizó un poco. Después empezaron a tomar las botellas de agua que los vecinos estaban distribuyendo y las lanzaron contra el cordón policial. La multitud empezó a marchar otra vez, ahora algunos tenían palos…

Alex cuenta que la primer marcha fue totalmente espontánea, sin ningún tipo de liderazgo, una reacción inmediata al asesino de Scott, pero había una clara conexión con el movimiento más grande por las vidas negras. Los cantos más repetidos eran: “Las vidas negras importan” y “Manos arriba, no disparen.”

Desde aquí se hace una distinción entre el movimiento por vidas negras y la organización Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) que es una organización con estructura formal y secciones en distintas ciudades de los EEUU. Mientras el movimiento por las vidas negras es el movimiento más difuso, sin liderazgo oficial, por la liberación negra, como el movimiento por los derechos civiles en los EEUU; en Charlotte aunque no hay una sección oficial de Black Lives Matter, sí hay dirigentes con mucha relación con la organización. De todos modos, quienes participaron en la marcha no lo hicieron con una posición de liderazgo.

Aunque la mayoría de los manifestantes son jóvenes negros, hay instancias importantes de solidaridad entre distintos grupos. Por ejemplo, el grupo SURJ (Showing Up for Racial Justice) que organiza específicamente a blancos anti-racistas en solidaridad con las luchas afroamericanas, está coordinando las presencia de personas blancas. Alex nos cuenta que los de SURJ llegaron rápido la noche del martes y ayudaron a organizar los otros blancos en la marcha: por ejemplo poniendo los cuerpos blancos entre la policía y los manifestantes negros porque la policía no suele usar violencia contra gente blanca. Las noches siguientes, SURJ estaba aún más organizada, formando redes de refugio y cuidado de niños para manifestantes a lo largo de la ciudad. Dice que en Charlotte las organizaciones cuentan con SURJ para protegerse de la agresión de la derecha y la policía. En la marcha de la noche de jueves, SURJ fue encargado de vigilar a otros blancos que estaban ahí, sobre todo los que obviamente no estaban ahí en solidaridad, sino para agitar o curiosear.

Por ejemplo, esa noche, habían llegado muchos universitarios blancos (porque la marcha pasó muy cerca del campus de la universidad). Se quedaron de un lado, mirando y sacando fotos. Por lo general no les prestaron mucha atención pero los manifestantes les enfrentaron algunas veces, diciendo que la protesta no era entretenimiento para los blancos. Por ejemplo, uno de esos universitarios caminaba por la marcha en una remera de Ronald Reagan, grabando gente en la marcha, incluso las caras de los manifestantes. 

Pero sobre todo, el clima era de rabia contra la policía y solidaridad entre los manifestantes. Alex relata que “había una mezcla de ira y solidaridad entre los manifestantes. El afecto entre los manifestantes estaba muy visible esa noche, sobre todo porque fue un acto espontáneo y todos se sentían muy unidos en una lucha común. Además de miedo a corto plazo a la policía, la mayoría de los manifestantes eran muy valientes”. Pero también se veía conflictos, sobre todo intergeneracionales. Alex y Noe rememoran que “el martes líderes eclesiásticos y del NAACP llegaron a la marcha para calmar la creciente multitud. Llegaron alrededor de las 21:15, cuando los manifestantes estaban rodeando un patrullero policial. Cuando llegaron los antidisturbios, los líderes eclesiásticos y los del NAACP se situaron entre los manifestantes y la policía e intentaron pacificar a los manifestantes. En un momento, una mujer mayor, negra, se acercó a esos líderes y les pidió que se corrieran, que los jóvenes tenían toda la razón para estar enojados y violentos, y que ella y todos los demás ya estaban hartos y que los jóvenes sabían que estaban haciendo.

Luego, los manifestantes llegaron a la autopista y la lograron cortar, algunas personas empezaron a lanzar botellas de agua, palos, y ladrillos a los policías. Saquearon camiones y prendieron fuego a la mercadería. Después, usando gases lacrimógenos, los antidisturbios lograron retomar la autopista pero la marcha siguió. Esta vez hacia el WalMart donde también hubo saqueos y conflictos con los antidisturbios. La protesta siguió toda la noche, con gente llegando de otros barrios y hasta de otras ciudades. Esa noche hubo alrededor de 40 arrestos y varios heridos, manifestantes y policía.


La Ciudad

Muchos se sorprendieron que eso pasara en Charlotte. Charlotte es el centro financiero del sur de los EEUU, ciudad de la “nueva sur”, donde no hay el tipo de desindustrialización que se ve por ejemplo en Detroit o Baltimore. Pero lo que sí hay es una creciente disparidad entre las vidas blancas y las vidas negras. No sólo que los afroamericanos no están incluidos en la prosperidad generada (para algunos) por el sistema financiero, sino que están perdiendo sus casas por la gentrificación y los préstamos usurarios, no tienen acceso a atención médica ya que el gobernador del estado decidió no expandir el sistema de Medicaid, las escuelas públicas están siendo re-segregadas dejando a los niños negros en escuelas con muy pocos recursos.

Tampoco es la primera vez que la policía de Charlotte mata a un afroamericano sin causa: en septiembre de 2013, un hombre negro, Jonathan Ferrell estuvo en un accidente de auto. Buscando ayuda, golpeó la puerta de una casa, donde la residente, en vez de ofrecerle ayuda, llamó a la policía. Al llegar a la casa, un policía disparó a Ferrell diez veces. Ferrell no estaba armado.

Miércoles

Las protestas seguían a la noche siguiente pero esta vez en el centro de la cuidad, en el centro donde se encuentra las sedes de los grandes bancos y otras corporaciones. Cuenten que la marcha era bastante tranquila hasta que los manifestantes se acercaron al EpiCentre, un centro de entretenimiento, designado para los empleados de los bancos. De repente la policía empezó a disparar balas de goma directamente a los manifestantes. Hubo varios heridos, y un hombre cayó gravemente herido y luego murió en el hospital. Todos los testigos aseguran que fue resultado de los disparos de la policía.

Hablando de la noche del miércoles, Alex cuenta que había aun más ira y miedo. Después de que dispararon a un manifestante en la cabeza, las cosas se intensificaron drásticamente. La policía antidisturbios fue violentísima, usaban todos sus recursos disponibles: gases lacrimógenos, gas pimienta, palos, granadas paralizantes y pistolas automáticas de balas de goma.

Noe cuenta: “Sabíamos que habían disparado a un manifestante (todavía no sabíamos si estaba muerto), y por eso había mucha más ira y la gente empezó a tirar cosas a los policías, sobre todo botellas de agua y plantas. La policía disparaba gases lacrimógenos y la gente se dispersaba y se volvían a reunir. Pero la policía aprovecharon de esos momentos de dispersión para hacer arrestos. En un momento levanté la mirada y veía que los policías me apuntaron con algún tipo de arma. Empezaron a disparar lo que creo que fueron balas de goma directamente a mí. Me tapo la boca y empiezo a correr. Alguien me ayuda a subir unas escaleras a un lugar seguro. Después de unos minutos ya no puedo abrir los ojos por los gases lacrimógenos. Por suerte encuentro a mi pareja y me ayuda a encontrar los equipos médicos. Me doy cuenta que estoy herida por las balas de goma y tengo varias moretones en distintas partes del cuerpo”.

Jueves

Después de las protestas de miércoles, el gobernador declara un estado de emergencia y manda la Guardia Nacional a la ciudad. La Guardia Nacional llega tanques y más equipos militares. Declaran un toque de queda. Según Alex: “El jueves había un clima de fuerte solidaridad entre los manifestantes que marcharon con una actitud desafiante en contra de los antidisturbios y la Guardia Nacional. Había mucho miedo y ira, sobre todo miedo debido a la presencia tan militarizada, pero además había una sensación muy fuerte de lucha común y amor a los otros manifestantes”.

Mientras, todos se concentraron en los manifestantes en la calle, también se estaba consolidando una red de apoyo a través de varias iglesias. Las iglesias mismas se han convertido en “puntos de convergencia” donde hay agua, comida, espacio para dormir y hablar, ayuda médica, asistencia legal, espacios para niños y personas con discapacidades.

Maribel cuenta: “Fue una lección sorprendente sobre la solidaridad. Escuchamos consejos muy útiles sobre cómo protestar de manera segura y la importancia de tener personas en distintos roles, desde estar en el frente hasta cuidar a los niños… Fue muy intenso escuchar los helicópteros arriba mientras todo tipo de gente pasaba por la iglesia para dejar materiales médicos, botellas de agua, comida…
Todas las farmacias de la cuidad están quedando sin leche de magnesia porque mezclada con agua ayuda a sacar el gas lacrimógeno de los ojos y bueno, había gente comprándolo y dejando en la iglesia para los manifestantes. Nuestros hijos trabajaron con otros niños para hacer la mezcla y etiquetar las botellas. También hicieron carteles: “Esto no está bien”, “Justicia es el amor hecho público”, etc. Unas familias pasaron por el centro en camino a casa para dejar bolsas de comida/agua/medicina en distintos puntos!”

Viernes

Otra noche de protestas, pero ahora más tranquilo, con más alegría. La Guardia Nacional y los policías antidisturbios mantienen su línea protegiendo los bancos y otros comercios pero sin usar tanta violencia como los días previos. Emma Nash, en un post que circuló por feisbuk relata: “De las 19hrs a las 3 en el centro de Charlotte lo más violento que vi de otro manifestante fue una sola persona quien lanzó una botella plástica vacía al camión de la Guardia Nacional. Los demás manifestantes respondieron inmediatamente, diciendo “no estamos acá por esto,” “no,” “pará,” “nos estás poniendo en peligro.” Vi un hombre blanco instigar una pelea verbal con un manifestante y todos se movilizaron para apaciguar la situación. La narrativa de violencia esconde la belleza de cientos de individuos uniéndose para pedir el fin a la brutalidad policial, el fin a la supremacía blanca, un fin a sistemas que oprimen. Esconde la impresionante organización de base conducida por personas de color, que ofrece una salida poderosa, pacífica para la ira justificada y la pasión. Esconde la magia de desconocidos que se cuidan, se ofrecen agua, apoyo, y trabajan en colaboración y con compasión para proveer seguridad y protección.

Tim, quien viajó de la ciudad de Durham para participar en las protestas, cuenta: “Caminábamos por la calle en un grupo pequeño, intentando encontrar la marcha más grande pero el punto de encuentro ya estaba lleno de policía. Nos fuimos encontrado con otros grupos, sobre todo de personas negras de Charlotte, algunos que habían marchado los otros días y otros que estaban marchando por primera vez. Una mujer veía el streaming de su mamá, mientras otros usaban sms para encontrar los otros manifestantes. Pasamos unos pastores negros que estaban caminando buscando la marcha también y se juntaron a nuestro grupo. Había un espirítu potente de amor y solidaridad entre todos, lo que mi dio mucha inspiración. Por fin nos encontramos con la marcha, donde había casi mil personas. Después escuchamos que había dos grupos de manifestantes esa noche, con casi mil personas en cada grupo. Había una mayoría de personas negras, pero también gente blanca y unos asiáticos y latinos. Veía a gente de todas las edades, y hasta personas en sillas de rueda. Parecía que había muchas personas que no eran activistas y que no pertenecían a ninguna organización formal. Muchísimos usaban el streaming de facebook y comentaban sobre las protestas para sus seguidores. El clima era energético y más alegre que otras noches. La presencia de la Guardia Nacional y policía era pesada pero contenida (había un grupo en bicicleta que seguía la marcha y la Guardia Nacional guardaba las instituciones y las corporaciones). Hubo debates sobre tácticas y estrategias ahí en la calle: ¿convocamos un boicot? ¿deben ser no-violentas las protestas? ¿qué debe ser el rol de los que vienen de otras ciudades?”

Tim dice que le impresionó el apoyo mutuo y el cuidado que se manifestó en la calle, por ejemplo, con mucha gente distribuyendo comida y agua. Además de la solidarid en la calle, llegaba apoyo de otras ciudades – Tim viajaba con una caravana de Durham que llevaba provisiones y médicos. También el viernes llegó un grupo de personas que habían manifestado en las calles de Ferguson después del asesinato de Michael Brown. Compartían sus experiencias y tácticas, además de motivación: “nos hacían acordar que somos muchos más que ellos, que no tenemos que tener miedo a los policías”. 

Sábado

El sábado al mediodía hubo una marcha convocado por un conjunto de organizaciones. Llegaron miles de personas de todo el estado. Aunque la Guardia Nacional vigilaba la marcha, en gran parte dejaron a los manifestantes marchar sin problemas. Después de unas horas de descanso, las protestas seguían por la noche, cuando se puso más heavy otra vez. Otra vez hubo docenas de arrestos, y una fuerte presencia de la Guardia Nacional y los antidisturbios. Mientras tanto, seguían marchando y cantaban: “Somos jóvenes, somos fuertes, vamos a marchar toda la noche

* Gracias a Alex Jutila, Noe Pliego Campos, Maribel Casas-Cortes, Sebastián Cobarrubias, John Cox, y Tim Stallmann por compartir sus experiencias y reflexiones sobre el levantamiento de Charlotte
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