Ni “primitivos” ni “carentes de apertura mental” // Colectivo Simbiosis Cultural


“(…) las pautas culturales de los pueblos del altiplano (…)”
Dr. Norberto Oyarbide, Juez, 2008

“(…) es costumbre entre los bolivianos (…)”
Dra. Norma Bouyssou, Defensora Pública, 2016

A más de 10 años del incendio del taller de costura de la calle Luis Viale que costara la vida a Juana Vilca, Harry Rodríguez, Luis Quispe, Rodrigo Quispe Carabajal, Elias Carabajal Quispe y Wilfredo Quispe Mendoza, reiteramos enérgicamente nuestro pedido de justicia y denunciamos el uso de categorías discriminatorias hacia personas de origen boliviano por parte de la defensa, que pretende justificar la reducción a la servidumbre apelando a calificaciones que humillan y violentan a todos los involucrados. Consideramos que los argumentos de la defensa revisten una gravedad inaceptable, toda vez que fueron esgrimidos por una funcionaria pública, una “doctora” que forma futuros abogados en la Universidad de Buenos Aires e incluso afirma tener “conocimiento de causa” por “haber dado cursos de garantías a jueces de Bolivia”. La persona en cuestión apeló a argumentos que no solo laceran a su propio defendido, sino que los hacen manifiestamente extensivos al conjunto de la “cultura” de los bolivianos.

En palabras de la Defensora, los bolivianos “están acostumbrados, son sumisos, viven con hábitos y costumbres”. Según esta lógica, tendríamos que entender que en Argentina hay ciudadanos que no deberían reclamar por sus derechos, ya que están presos de sus “parámetros culturales”. Durante el juicio, las únicas personas que intentaron reclamar por las condiciones de trabajo, animándose a denunciarlas, fueron acusadas por falso testimonio. La defensa llegó al extremo de afirmar que “en el contexto en el que se mueve (uno de los acusados), su mente es bastante primitiva”, enfatizando en la “poca apertura mental” y en su “sociabilidad diferenciada”, con lo cual se pretende juzgar de manera diferente dado que “lo que para nosotros es reducción a la servidumbre, para Sillerico es ayudar a un paisano”. De hecho, no es la primera vez que se utilizan las llamadas “pautas culturales” para justificar contextos de explotación en la industria textil. Los argumentos propuestos por la defensora fueron refutados hace ya más de 8 años en el contexto de otro juicio de características idénticas, donde el Dr. Gabriel Juricich pretendió justificar el accionar de sus defendidos de un modo análogo, dando pie al tristemente célebre fallo del Juez Norberto Oyarbide, en el que se sobreseyó a los directivos de la firma Gilmer S.A., comercializadora de la marca de moda SoHo, bajo el pretexto de que no había explotación sino “pautas culturales”. Detrás de la idea de “ellos son así: son re laburadores” se oculta una estrategia ignominiosa y se corre el eje en el cual se juzgan delitos penales.

Esa anulación como persona, la infantilización, el pensarnos inferiores, forman parte del mismo tipo de pensamiento, el paternalista, del quien se define como el salvador, quien tiene que liberar de esas condiciones o quien tiene que juzgar de manera diferenciada. De cualquiera de las dos formas de expresarlo, se lo hace desde la misma postura, desde el mismo pensamiento.

No vamos a caer en el juego culturalista propuesto por la Dra. Bouyssou. No vamos a cambiar el eje del juicio. No vamos a olvidar quiénes son los verdaderos responsables de esta y todas las tragedias que apelan a atenuantes “culturales”. 64 personas trabajaban en condiciones irregulares para el rédito económico de los dueños de las máquinas, el inmueble y las marcas. Son Fischberg y Geiler. Los actuales imputados tienen la responsabilidad que les corresponde, pero la cadena no comienza allí. Las condiciones de trabajo eran comprendidas perfectamente por los capataces y eran definidas por los dueños, quienes son solidariamente responsables por las condiciones en las que trabajaban sus empleados, tercerizados a 150 metros de la fábrica.
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