Je suis Don Pedro

(La siguiente historia está basada en hechos reales)

 por Sebastián Puente



Don Pedro salió a la esquina. De lo cual sólo da testimonio, me doy cuenta, la puerta entreabierta que alguien, se adivina, va cerrando desde adentro. No es que Don Pedro sea invisible, al contrario, es demasiado visible. Gira el pie izquierdo 15°, apoya. Otros 25°, apoya. Otros 50° agregando 15° con el pie derecho, ahora. La cintura va y viene como una rueda dentada buscando un encastre. Decir que camina sería interpretarlo. ¿Cómo llamar el movimiento de unos pies que visiblemente hacen fuerza para cargar su propio peso? Los zapatos negros patean cortito como si siguieran encerrados en la caja en la que se compraron. O como imantados, entre sí y al suelo. O como si no pudieran dejar ningún espacio sin pisar, como si tuvieran que pisar cada baldosa, cada ranura de cada baldosa. Decir que está en la esquina, entonces, sería imaginarlo. La esquina es una cosa cuando el peatón pasa raudo, cuando dobla el auto y sigue. El andar de Don Pedro proyecta ondas vertiginosas que le dan a la esquina la dimensión extensa de un continente minúsculo. La región de las hormigas espantadas que rompieron filas en todos los sentidos, al oeste, en el dintel de la puerta. Al norte región del remiendo de cemento en las inmediaciones de la parada de colectivo. La hondonada de baldosas partidas en el centro, con el basural de dos papeles de caramelos y una colilla de cigarrillo. Los pastizales verdes al sur, brotando entre las baldosas que rodean el poste de luz. Y el cordón... Y Don Pedro con sus giros descompuestos y su pasos imantados, y el cordón en la lejanía como un horizonte falso, y luego la calle y las otras esquinas y las otras veredas y los árboles y otras calles... Así andará Don Pedro un rato largo y lento, por baldosas minuciosas en extensiones pampeanas.


Pero ahora está en el living de su casa. Yo lo veo a través de la reja de barras negras que forman como rombos, porque la ventana del living da a la calle, a los transeúntes desconocidos, a los autos y sus bocinas, al super chino de enfrente y los vecinos que entran y salen con bolsas, al ruido del motor del bondi que acelera después de doblar en la esquina. Frente a esa ventana, en la pared opuesta, la tele, siempre encendida, transmitiendo las noticias. Como si ventana y tele se miraran paradas frente a frente, dos pantallas, listas para comunicarse emisiones. En el medio del sistema, Don Pedro, antena central, rey del living, rey del sillón. ¿Tiene luz, don Pedro?, pregunto. ¡Hace cinco días que estoy sin luz! ¡PLENO SIGLO XXI! Y va a seguir así, esta yo ya la conozco: tardan cuatro días en mandarte la cuadrilla, y cuando vienen te dicen que el problema es tuyo. Y andá a arreglarte, llamás un electricista y te dice que el problema es de la calle, y que él no puede meter mano en la calle. Es así, acá nadie puede hacer nada, todos se cagan en todo. ¡¿Me querés decir qué hace Esta[1] en Cuba, MIENTRAS YO ME CAGO DE CALOOR?! ¡Siguen con lo del comunismo! ¿Vos lo podés creer? El comunismo ya está, no la entienden. Nosotros solos estamos con el comunismo. Ni Cuba es comunista... Nosotros solos... Bueno, y Venezuela. Y así nos ven en el mundo, cuando viajás, si sos argentino, en migraciones te miran mal... ¡te miran mal! Te digo por que yo tengo la suerte de que viajé. Yo por suerte tengo apellido europeo, nací en Europa. Me escapé con mi familia de un campo de concentración de los nazis, cuando tenía 5 años, por eso vine acá. Pero tengo familia allá. Pero esto, esto es un desastre... ¿Sabés lo que voy a hacer mañana? Me voy a una de esas casas de deporte, me compro un bate de beisbol, y me voy a la oficina de Edenor, y cada vez que no me quieran contestar, les rompo algo... Ahhh, ¿no saben qué pasa? ¡PUM! ¿No saben cuándo vuelve la luz? ¡PUM! Si total yo, con la edad que tengo, me dan prisión domiciliaria. ¡Ni te atienden el teléfono! A estos los inventó el hijo de puta de Menem, que les regaló todo para que hagan lo que quieran. Yo no sé ustedes que son jóvenes, yo le digo a mi hijo, ¿por qué no se van? Acá no hay oportunidades, no podés hacer nada... ¡Mirá lo que son los precios! No se puede progresar, no se puede. ¡¿Y te dicen que no hay inflación?! ¡Vayansé! ¿Qué hacen acá? Es cierto que tampoco es fácil... caer ahí solo... sin nada, sin nadie... conseguir trabajo... Eso es cierto... Y en Europa son muy discriminadores, muy xenófobos. Pero acá no hay posibilidades para los jóvenes. Y los jóvenes tampoco quieren trabajar, ninguno quiere laburar. Pero no es culpa de ellos, ¿eh? ¡Es la educación, es la educación! ¡¿Qué les enseñan?! Les enseñan del Che Guevara... ¡¡EL CHE GUEVARA!! ¡Al che Guevara habría que sacarlo de los libros, de todos lados! Queselevacer... Bueno, chau, chau, si tengo novedades les aviso.

Una acción inframóvil en espacios minuciosos y vastedades inconmensurables. Dos o tres pantallas emitiendo. En el medio, como una nube de mosquitos, una nube de operadores anímicos. Esquema hipotético de una subjetivación pospolítica.      




[1]      Por la presidenta, Cristina-corazón, Cristina-montonera, Cretina, la yegua, etc.
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