La cabeza de Deleuze: una entrevista a Pablo Ires

por Carlos Aguilera

Observar el catálogo de una editorial es como observar un cerebro, sus zonas de diferencia, sus “nervios”. De alguna manera, esto es lo que se siente al navegar por la editorial argentina Cactus. Y no solo porque han publicado casi todos los cursos académicos de Gilles Deleuze, uno de los grandes-grandes del siglo XX, sino por los otros libros, los que nos sirven para sintonizarlo, problematizarlo, huir de él. Para más detalles, entrevistamos a Pablo Ires, fundador de la editorial.
Echándole un vistazo al catálogo de Cactus, vemos que además de publicar varios libros del autor de El Anti-Edipo, han editado otros (Guattari, von Uexküll, Tarde) que circulan con mucha fluidez por la autopista-Deleuze. ¿Podemos entender la editorial como una suerte de viaje por la cabeza del pensador francés? 
Sí y no. Por un lado, es innegable nuestra relación –en algún punto amorosa– con el pensamiento de Deleuze. Desde cierto ángulo se podría decir, entonces, que Cactus surgió de aquel encuentro con sus clases sobre Spinoza en 2003, y del descubrimiento azorado del Deleuze-profesor, de cursos luminosos, que ha sido mucho menos recorrido que el Deleuze-filósofo escritor de libros. Creo que después de la publicación en español de nueve de sus cursos ya no se puede soslayar la potencia de su labor profesoral. Por otro lado, es cierto que la proliferación de nuestro catálogo, que ya cuenta con 40 títulos, y al que vemos como una especie de telaraña que se teje por contacto, recoge varios rastros de lecturas de Deleuze, algunos explícitos y conocidos, otros tácitos o extraños. Y allí tenemos a los autores que nombrás, pero también a Bergson y Simondon, redescubiertos en los últimos años, a Paul Klee, William James, Samuel Butler, Gance, Epstein o Peguy.
En tiempos de crisis, situar el foco en una editorial de filosofía parece ante todo un riesgo. ¿Piensas que este riesgo es, en sí, una de las maneras válidas de enfrentarse a la complejidad del mercado? 
El riesgo vale la pena. Me parece que podría inscribirse como un lema: que te paguen por tu vida. En nuestro caso es traducir y editar. Es una búsqueda simultánea: recorrer las líneas del deseo, como decís, de un deseo despojado de cualquier relación con la falta, de cualquier connotación de goce (connotaciones del ‘deseo’ prevalentes en nuestras sociedades capitalistas), sino más bien el deseo como praxis, como experimentación concreta, eso alumbra una vida. Ahora bien ese hallazgo, esa elección de una vida queda trunca si no se puede sostener en lo real, por eso digo ¡que te paguen por tu vida!
Una de las líneas editoriales de Cactus es el cine. Sin embargo, este, por su propia “contemporaneidad”, es también una de las artes que más fácil se desactualiza. ¿Entra “lo actual” en lo que desea proponer Cactus? 
No creo mucho en la contemporaneidad, o en todo caso, no me parece una noción muy interesante, al menos en su connotación periodística. La clave, para nosotros, sigue siendo el valor de uso de los textos, tanto como de las imágenes, qué cosa de todo eso funciona hoy como pensamiento. De todas maneras, creo, se puede ser también hoy un lector esforzado para descubrir lo ‘contemporáneo’ en cualquier tiempo. No hay contradicción entre una cosa y la otra.
Junto al libro de ensayos de Robbe-Grillet, Por una nueva novela, echo en falta más libros de crítica literaria en la editorial. ¿Por qué un libro sobre Beckett, etc., en una propuesta que parece ir por otra parte? 
En Robbe-Grillet rescatamos fundamentalmente algo que atraviesa la literatura pero también el cine, y es de nuevo Deleuze quien señala que las mismas revoluciones que se operaban en el nuevo cine definían el movimiento del Nouveau roman: un privilegio de la mirada, es el ojo quien en la literatura nos permite ver, rebelión entonces contra todo el mundo “pascaliano” de las significaciones y las metáforas; el papel de la descripción más allá del objeto; por tanto, la idea de una subjetividad total como investimento de la imagen; finalmente, la idea (contra Sartre) de que no hace falta un arte del compromiso, y de que un arte debe tener su propia acción (aún revolucionaria) en sí mismo. De todos modos, es cierto que la crítica literaria no tiene un lugar tan grande en nuestros intereses.
¿Qué otros libros publicarás este año? 
Este año que ya prácticamente termina, lo cerramos con el segundo tomo de clases de Gilles Deleuze sobre Michel Foucault, titulado El poder, otro libro muy hermoso sobre la noción de ritornelo, música y etología llamado La casa y el cosmos, de un joven músico y filósofo italiano llamado Simone Borghi. Y para finalizar, un gran (y grueso) libro sobre Spinoza del filósofo francés François Zourabichvili”.
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