¿Por qué duele (solo) Gaza, en la literalidad de los pro-palestinos locales?

por Bruno Nápoli


“Quisimos traer a la plaza del pueblo esta voz de los palestinos, que están siendo masacrados en un genocidio por la entidad sionista mal llamada Estado de Israel y queríamos repudiar el genocidio contra el pueblo palestino”. 
(palabras pronunciadas en el “acampe palestino” de Plaza de Mayo)
El genocidio, en cualquiera de sus formas, es un dolor que nunca más podrá ceder en la sociedad. Las declamaciones de un Nunca Más, no hablan de la imposibilidad de repetición de un genocidio, sino justamente de la posibilidad de aplicación, siempre. Los genocidios, hoy como nunca en Asia Menor, son la más dolorosa muestra de que el “nunca mas” siempre es un deseo, no una materialidad de la no realización del genocidio. Por otra parte, los aprendizajes que dejan estas experiencias son disímiles y no suponen la no repetición. Suponen la libertad residual de interpretarlos como sea. Y luego de eso, repetirlos o no. En el caso de las grandes potencias militares en el mundo, nunca escatimaron esfuerzos en replicar, en pequeña o gran escala, las ásperas estridencias de genocidios por goteo, o sectorizados por motivos que trascienden sus intereses. A saber: Alemania, no dudó en enviar tropas a Irak (tampoco Francia o Inglaterra) para ayudar al mayor perpetrador de genocidios por goteo del mundo: los Estados Unidos. En el caso de Israel, no es un Estado que haya sufrido un genocidio (es posterior su creación como Estado, en términos históricos, mal que les pese a algunos). Pero la comunidad judía, junto con otras minorías, sí sufrió el genocidio de manera internacional, practicado por la Alemania nazi, la Francia de Vichy (luego del armisticio de 1940) y la hilera de países ocupados por las  Wehrmacht.  Pero sobre todo, con la anuencia de la comunidad internacional y de EE.UU., que no dudó en mencionar a Hitler como hombre del año en 1938, cuando ya llevaban cinco años de creación de los principales campos de concentración y exterminio (como los casos de Dachau o Sanchsenhausen, con gran publicidad en la prensa por parte del Estado nazi). 

Ahora bien, en la actualidad, estas grandes potencias son parte de genocidios interminables cuando intervienen militarmente en países petroleros, con la excusa de “restablecer” la democracia y “asegurar” la paz. Esta intervención (“cristiana”, “protestante”, “evangélica”, o “laica”) no “duele” tan literalmente en las acusaciones y condenas internacionales. Esta intervención, no le va en saga a las intenciones del mundo islámico, que tampoco ha dudado en intervenir militarmente en sus propios países y establecer genocidios interminables, abrumadoramente devastadores sobre sus propias poblaciones, integradas por minorías nacionales que poco tienen que ver con sus fronteras,  sin menguar ninguna crítica por parte de sus perpetradores, ni tampoco de sus críticos. El mundo islámico, en tren de “restablecer” la sunna y sus formas de representación fundamentales para respetar lo mas retrógrado de las escrituras sagradas, no ha dudado en practicar genocidios sistemáticos y masivos, de los que no estamos acostumbrados a leer en los diarios de occidente. Sin embargo, las críticas tampoco llegan con referencias religiosas o políticas. De hecho es mas común el silencio que la crítica furibunda. Vamos a los casos.

La república de Siria, que soporta una dictadura desde hace casi cincuenta años, entró en una cuenta regresiva hace menos de tres años, cuando sectores rebeldes pusieron en jaque a Al Assad. La respuesta del régimen sirio (que se llama a sí mismo “socialista” y parte del “Frente Progresista Nacional Sirio”, aunque la familia de Assad pertenece a la minoría siwili) fue el asesinado masivo de comunidades enteras sospechadas de insurgentes. En tres años de represión interna, el gobierno sirio dejó casi 200.000 asesinados, de los cuales 56.000 son civiles (no pertenecen a ninguna de las facciones en armas) y de estos, cerca de 10.000 son niños. Solo en Ghutta, como escarmiento, el 25 de agosto de 2013, Al Assad utilizó armas químicas contra esa aldea y mató en un solo día a 1.500 habitantes, la mayoría mujeres y niños, por colaborar con rebeldes al régimen. Impactante. Pero sin embargo, Siria no “duele”.

En la misma región, pero del lado sunnita (es decir los más conservadores del pensamiento islámico, contrarios a los chiitas, e incluso enfrentados a Al-quaeda, por considerarlos poco “puros” para el Islam) el ISIS (ejército islamita sunnita ultra conservador) ha establecido un califato a sangre y fuego y, a fuerza de un genocidio de cristianos y sefadíes (orden religiosa pre-cristiana, pero también musulmana) no para de asesinar de manera masiva a cualquiera que forme parte de otro pensamiento que no sea el Islam mas conservador. Sin embargo, el ISIS, que no duda en filmar sus decapitaciones de cristianos y sefadíes, y sus posteriores crucificciones, no “duele”. El ISIS ya controla el norte de Irak y parte de Siria, y nada parece detener su avance.

El fallido Saddam Husseim, otrora dictador de Irak, y presentado como un defensor de los intereses de la nación árabe de dirigió en base a genocidios selectivos, asesinó a millones de Kurdos en el norte de Irak, una Nación sin Estado que sufrió ataques con armas químicas sin fin, y que aun sigue encontrando fosas masivas en territorios hoy tierra de nadie. En el último medio año, mas de 50.000 kurdos (familias completas en destierro absoluto) fueron cercados por el ISIS, en los bosques al norte de Irak, y asesinados en su gran mayoría por negarse a abandonar sus tierras, hoy pertenecientes al Califato del Ejército Islámico. Pero el EI no “duele”, como tampoco “dolía” en otrora genocida Saddam Hussein.

El mismo Hamas, que gobierna como Autoridad Palestina la Franja de Gaza, aplica la tortura y el asesinado contra los opositores palestinos dentro de su territorio; es más, ha corrido a tiros al otro partido de la Autoridad Palestina (Al Fatah) de la Franja, y al no poder controlar la otra región de palestinos (Cisjordania), se conformó con ser una entidad autoritaria en Gaza, con una carta fundacional que no solo niega derechos sobre muchos de sus habitantes (sobre todo las mujeres) sino también los derechos de otros Estados a existir. Pero no “duele”.

Estos Estados, que han negado sistemáticamente los derechos básicos de miles de sus habitantes, y ahora, luego de la “primavera árabe”, practican un genocidio sin límites contra poblaciones mas numerosas que la palestina, superando en número otros horrores, no reciben un repudio generalizado. Los asesinatos masivos de los Estados Árabes no “duelen”. Pero lo que es peor, sus poblaciones, devastadas por el terror estatal, no reciben la solidaridad de otros pueblos ni otras naciones. Las palabras citadas arriba (como comienzo de nota) pronunciadas en el “acampe” palestino de Plaza de Mayo, que sería impronunciable en la Franja de Gaza por una mujer (como si lo fue en Bs As) hace hincapié en el sionismo de Israel (al que niega la entidad de Estado) pero no dice lo mismo de los casos mencionados; no habla de la “entidad cristiana llamada Estado” por ejemplo, ni subsume a espacios religiosos los genocidios mas terribles que comenten los Estados árabes en su condición de musulmanes.

Duelen mas las literalidades que desconocen el origen del genocidio en su conjunto, pues solo constituyen un aporte desde el antisemitismo mas primario. El Estado de Israel es un Estado genocida o que aplica el Terror, y nadie en su sano juicio podría negarlo, pues sus prácticas respecto de los palestinos gobernados por Hamas se constituyen en tales. Pero la condición de ese Estado de Israel, por judío o sionista (si tal cosa fuese así, pues no es ni lo uno ni lo otro en su condición de Estado) obtura la posibilidad de solidaridad con todos los pueblos que hoy sufren de genocidios mucho mas duros y directos desde hace años, pero se hacen invisibles por razones de un prejuicio que, por inmoral, no merece el menor respeto. El “dolor”, ese rasgo tan occidental y judeo-cristiano, solo parece ser posible cuando se tocan los nervios inveterados de un prejuicio religioso que en otros casos no funciona.
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