No se puede descolonizar sin despatriarcalizar.

por Esther Moreno



Prologada por Silvia Federici e Irene Silverblatt, María Galindo escribe una vez más desde una práctica feminista que está viva, recordándonos la responsabilidad que tenemos, como movimientos, de conceptualizar y argumentar nuestras propuestas, de generar nuestro propio discurso antes de que otros lo utilicen para neutralizarnos. ¿Cómo enfrentar la domesticación del feminismo e ir más allá de las “políticas de género”? Galindo reivindica su autoría sobre el concepto de despatriarcalización en el contexto boliviano y lo pone a dialogar con el de descolonización, extendiendo la tensión entre ambos al horizonte del feminismo internacional. Se reclama, como siempre, agitadora callejera no académica y recorre el camino que lleva de las preguntas individuales -¿qué hacer con mi vida? ¿cómo lograr mis sueños?- a las colectivas -¿para qué luchar y cómo hacerlo juntas?-.

¿Qué hacer con el tinglado de las identidades? ¿El patriarcado llegó a América con los colonizadores blancos? No olvidemos que esta pregunta está lanzada y respondida desde un país -Bolivia- en el que las culturas indígenas llamadas originarias están en el centro del debate social. La portada y contraportada del libro presentan unas bellas fotografías, captadas por Idoia Romano, de las preciosas trenzas que se venden en los puestos de los mercados callejeros de La Paz. Esas trenzas negras son un símbolo profundo de la pertenencia de las mujeres a la comunidad, y del sometimiento de las mismas a unas estrictas normas de vestido, peinado y comportamiento. Contemplar ese signo de identidad cortado, colgado a la venta, hace pensar en cuántas son las mujeres que han decidido no cargarlo, que aunque el corte duela, también te hace más dueña de tí misma, y es que además… son protésicas. Las trenzas, como las identidades, pueden ser intercambiables. ¿Qué eres si no eres originaria? ¿Si eres mestiza, chota, birlocha…?

No se puede descolonizar sin despatriarcalizar porque no es cierto que el universo indígena no fuera patriarcal, porque el colonialismo otorgó a los hombres indígenas ventajas sobre las mujeres indígenas, porque un proceso serio de descolonización ha de deshacer esos privilegios patriarcales como parte del colonialismo y no inventarse una descolonización a su medida que inserta el sometimiento de las mujeres dentro de los saberes culturales ancestrales que deben ser preservados. El colonialismo implica aquí una alianza entre colonizador y colonizado en relación a la opresión de las mujeres. Es necesaria una visión compleja sobre el patriarcado: este no es la discriminación de las mujeres, sino la construcción de las jerarquías sociales, superpuestas unas sobre otras y fundadas en privilegios masculinos sobre las formas de organización social. El patriarcado no es una cuestión aparte sino un eje de la construcción económica, cultural y política de la sociedad. La despatriarcalización se convierte entonces en la osadía de concebir al patriarcado como una estructura susceptible de ser desmontada, osadía íntimamente relacionada con la desobediencia masiva de las mujeres a los mandatos patriarcales, una desobediencia que aunque se pretenda contener desde las instituciones es profundamente anti-institucional. El Estado, aun el de Morales y Linera, no es la expresión del bien común, sino que, como definió Lenin, es siempre la expresión de relaciones de poder, de hegemonías históricas; en ese contexto el Estado es estructuralmente patriarcal.

Sumemos a todo esto la sectorialización de los sujetos políticos. Los sujetos políticos se han convertido en sectores, se ha inhibido su capacidad de construir interpretaciones complejas y múltiples del sistema de opresiones, y así se los ha funcionalizado completamente. ¿Cómo construir ese sujeto político complejo que anhelamos, que da cuenta de las intersecciones de la opresión y por tanto, de las formas de liberación? La apuesta de María Galindo es la de un feminismo fundado en la combinación y alianza insólita, imposible y prohibida, inesperada, entre diferentes: Indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas. Deshacer la fila, asaltar la mesa desordenándolo todo y poniéndolo patas arriba.*
*El libro se cierra con el anexo “La Constitución Política Feminista del Estado” e incluye un DVD con tres piezas de video de Galindo que fueron expuestas en la exposición Principio Potosí. ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?: “La Virgen Cerro”, “América” y “La Virgen Barbie”.
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