La inseguridad pública ha oscilado entre el negacionismo y el alarmismo

por Vanina Escales



Un equipo integrado por la Comisión Provincial de la Memoria y facultades de la Universidad de La Plata presentaron un informe sobre la criminalidad bonaerense. La tendencia desde 2008 es a que disminuyan, pero el año pasado aumentaron las cifras de homicidios y robos con armas de fuego.

El Observatorio de Políticas de Seguridad de la provincia de Buenos Aires presentó un informe sobre violencias y delitos en la provincia entre 2009 y 2012. Ayer la Procuración envió los datos de 2013. Se trata de un análisis a partir de los datos oficiales que viene entregando con periodicidad la Procuración de la Corte Suprema, el Ministerio de Seguridad y el de Salud provinciales.

La importancia del informe radica en que es posible intervenir en el debate público sobre seguridad a partir de cifras que arroja la realidad. Se sabe, sin estadísticas es difícil pensar en políticas públicas: ¿cuáles son las estrategias que han resultado fallidas?, ¿por qué en San Isidro bajaron tantos los delitos?, ¿porqué creció tanto en La Matanza el robo con uso de armas de fuego? La puesta en circulación del informe realizado por el Observatorio permite pensar la criminalidad y las violencias que la rodean en su real dimensión.

“Consideramos que el debate político-mediático sobre el denominado problema de la inseguridad pública ha oscilado entre el negacionismo y el alarmismo, y que ambas posiciones atentan contra la construcción de políticas democráticas”, comienza declarando el informe”. Hemos puesto la lupa sobre los historiales de homicidios dolosos, robos y robos con arma de fuego en los departamentos judiciales del Conurbano y de La Plata.

Índic
es de criminalidad

Los homicidios dolosos marcaron un descenso en toda la provincia de Buenos Aires entre 2008 y 2012, pero en 2013 vemos un alza. Si la tasa de homicidios cada 100 mil habitantes era en 2008 de 9,6, cuatro años después bajó a 7,6 homicidios y en 2013 estaría arriba del 8. Ángela Oyhandy, coordinadora general de la investigación, pide no confundir “pobreza y mayor tasas de homicidios”. En el trabajo del Observatorio asociaron dos variables como hipótesis y el resultado es que “los departamentos más densamente poblados son los que registran promedios más altos de homicidios durante los cuatro años”. “Si bien en el último año a cifra creció, no estamos en los niveles de 2008”. Cuando el ojo ciclópeo de los medios de comunicación mira los homicidios en ocasión de robo (2 de cada 10) y asocia pobreza a delito oculta deliberadamente las circunstancias donde las vidas expuestas a conflictividades sociales lidian con el hacinamiento y la estigmatización cotidianos.
 


En el Conurbano subieron los homicidios solo en el departamento judicial de San Martín, el resto se mantiene estable y con una leve baja. San Isidro es donde más bajaron los homicidios dolosos: de los 173 que hubo en 2009 a los 80 de 2012. Para dar seriedad a la discusión sobre seguridad, el observatorio destaca que el negacionismo como estrategia elude “debates y transformaciones urgentes”, al tiempo que los alarmistas “consolidan relatos del terror a partir de casos resonantes y excepcionales”. El problema que trae aparejado esto es que “legitima políticas efectistas y estigmatizantes que imprimen nuevas violencias y desigualdades a las ya existentes”. El espacio está integrado por la Comisión Provincial por la Memoria, la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.

L
os robos también muestran una tendencia a disminuir o mantenerse estables. De todos modos los datos sobre robos nunca son confiables (son "datos sucios") porque las denuncias en general no se hacen. Piénsese en los robos de celulares, por ejemplo, que rara vez terminan en una presentación en la comisaría o en la fiscalía.





En el caso de los robos agravados por el uso de armas de fuego, cada departamento tiene su perfil y no hay una tendencia común que pueda englobarlos. En La Matanza aumentaron considerablemente entre 2011 y 2012: 35 por ciento. Y en San Isidro y Quilmes bajaron. Para los investigadores es importante hacer notar que “teniendo en cuenta el descenso de los homicidios, la cantidad de robos con uso de armas no se traducen necesariamente en un aumento en la cantidad de muertes” en ocasión de robo. Para Oyhandy “hay una mayor circulación de armas de fuego. En esos casos la gente sí denuncia porque la situación es más violenta” y por eso mismo “hay que prestarle atención”.

Uno de los aportes del informe es que inicia una exploración territorializada sobre un conjunto de indicadores de la violencia interpersonal, poco analizados hasta el presente. Avanza sobre violencias que derivan en lesiones leves y tentativas de homicidio. Ellas incluyen “agresiones en el marco de accidentes de tránsito, disputas asociadas a relaciones de vecindad, riñas, violencia de género, familiar, peleas laborales, disputas relacionadas con las dinámicas de mercados ilegales informales e ilegales”. El crecimiento de denuncias asociadas a violencias interpersonales subraya su presencia cotidiana en la vida social. Para los investigadores deben contenerse en políticas que “reclaman diseños preventivos integrales y multiagenciales” y no policialistas.



Percepción de inseguridad

Los medios de comunicación suelen referirse a “inseguridad” –miedo a ser víctima de un delito– como sinónimo de “criminalidad” –el delito mismo–. Los diarios de mayor circulación nacional ubican bajo “inseguridad” un abanico de hechos criminales que van desde el robo hasta la violencia intrafamiliar. Si bien hay cifras como las de robo con armas de fuego que aumentaron en algunos departamentos judiciales, la tendencia que vimos en general es a que disminuyan las cantidades de homicidios dolosos y robos. Esta disminución, sin embargo, es inversamente proporcional al aumento de la población carcelaria.

Los datos estadísticos de Latin American Public Opinion Project en su último informe sobre el país indican que entre 2008 y 2012 la percepción de inseguridad disminuyó también. En 2008 era del 57.3 por ciento, en 2010 del 52 por ciento y en 2012 del 39.8 por ciento. Los números de 2013 aún no se conocen. Sin embargo, comparados los argentinos con el resto de los habitantes del continente, somos quienes mayor temor expresamos a sufrir un hecho delictivo. Si casi el 40 por ciento de los argentinos declara como mayores problemas del país la falta de seguridad y delincuencia, el resto de América se ubica diez puntos por debajo.
Distinta situación se da en las capitales nacionales. Para los porteños la percepción de inseguridad llega al 44.4 por ciento, mientras que los mexicanos perciben a su ciudad como mucho más peligrosa (54.7). Si comparamos el miedo –la famosa “sensación”– con los delitos ocurridos efectivamente, vemos una notable divergencia. Los datos sobre criminalidad que puso para consulta pública el Observatorio permiten avanzar en políticas que lleven a una disminución tanto de la criminalidad como de la inseguridad.
 

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