Entrevista a Miguel Teubal: “Me extrañó que Kicillof devaluara”

por Diego Genoud



Conoce como pocos a Axel Kicillof, de quien fue tutor de su tesis, y acaba de publicar junto a la socióloga rural Norma Giarracca un libro en el que refuta una de las afirmaciones que hizo Cristina Kirchner en su discurso ante la Asamblea Legislativa: “Actividades extractivas en expansión ¿reprimarización de la economía argentina?”. Allí, Miguel Teubal sostiene en base a los mismos datos de CEPAL que “aunque la Presidenta se empeñe en decir lo contrario, en Argentina hubo una reprimarización de la Economía como en el resto de los países de América Latina”.
Tutor de la comentada tesis de Kicillof sobre la Teoría General de Keynes, profesor de muchos de sus actuales colaboradores en el Ministerio de Economía, Teubal es doctor en Economía Agraria e Investigador Superior del CONICET en el Instituto Gino Germani. Sugiere que durante los años del kirchnerismo, la industrialización fue más un eslogan que una realidad y cuestiona la apuesta principal de consolidar un país que basa su comercio exterior en la soja. “No soy pro-gobierno pero no tampoco soy anti-gobierno”, se presenta.
En la era de la polarización, Teubal prefirió tomar distancia de sus amigos que militan en Carta Abierta y de otros como Pino Solanas que “se fueron al diablo” en la alianza con Elisa Carrió. Habla del ministro que acaba de cerrar el acuerdo con Repsol, considera que la economía ya se está enfriando, remarca que la oposición sólo tiene para ofrecer recetas ortodoxas y advierte sobre el peligro de profundizar el ajuste con un tope a los salarios en paritarias. “Le querría ver la cara a Axel en la negociación con los docentes porque siempre estaba de este lado”, asegura.
¿Por qué dice que hubo una reprimarización de la economía durante los últimos diez años y a qué se debió?
Si uno mira un poco la historia, desde la crisis de los años 30, hubo un proceso de industrialización sustitutiva de importaciones. Y después vino el neoliberalismo que fue todo lo contrario, con Isabelita, la dictadura militar y el menemismo. Fue la etapa de la valorización financiera pero por otra parte hubo una reprimarización donde las actividades extractivas y la soja tuvieron un auge fenomenal. Durante la posconvertibilidad, hubo cierta industrialización, pero no necesariamente fue sustitutiva de importaciones. Hubo énfasis en la industria automotriz pero eso potenció también la dependencia externa. Y la industria de Tierra del Fuego no logró superar el ensamblaje. Incluso lo textil estuvo muy basado en los sintéticos que son importados.
Ahora nos encontramos con que de golpe se produce la crisis. Hay fuga de capitales y nos damos cuenta de que no existe una autonomía tan grande como hubiéramos querido tener. Seguimos dependiendo de las exportaciones primarias, sobre todo la soja, que representan el 70 % de las exportaciones. Ahí no hubo un cambio y eso muestra la vulnerabilidad externa de nuestra economía.
El momento clave del proceso industrial fue en los años 70 cuando se pensó que se podían exportar productos manufacturados y cambiar el patrón estructural de la economía pero eso se terminó con la dictadura militar.
Ustedes dicen que Argentina es uno de los países de América Latina donde se advierte el retroceso del sector manufacturero en relación al PBI.
Tomé los datos de la CEPAL y en toda América Latina hubo una reprimarización. Pero en Argentina la relación entre producto industrial y PBI había alcanzado el punto más alto y desde la dictadura cayó terriblemente. En estos últimos diez años, hubo algún auge de la industria y aumentó el peso en las exportaciones. Pero no existió un proceso neto de sustitución de importaciones.
Afirman también que la única política activa que hubo fue la que favoreció a los oligopolios siderúrgicos, automotrices y los de procesamiento de soja.
En eso, estoy citando a Daniel Azpiazu y a los trabajos de la gente de FLACSO, donde señalan la importancia de la concentración y extranjerización del capital en estos años. En todos los sectores, las grandes empresas aumentaron su participación en la economía. Puede haber habido un cambio en lo macroeconómico, la reactivación, pero ese proceso se profundizó y eso significa mayor poder de veto de las grandes empresas. Se nota claramente en el sector extractivista. Ahí si hay una clara política hacia las grandes capitales extranjeros como Monsanto, Barrick o Chevron.
¿Cuál fue el proceso que no se revirtió?
Desde los años 90, con el Plan de Convertibilidad, se estableció la libre movilidad de capitales y se eliminó la obligación que tenían los exportadores de entregar las divisas en determinados períodos. El máximo nivel de regulación fue el IAPI, durante el primer gobierno peronista, que exportaba y distribuía las divisas. Ahora los exportadores no están obligados a entregar los dólares al Estado y eso genera un problema grande como lo estamos viendo.
La soja como única estrategia
¿Por qué el gobierno no intentó recrear una Junta Nacional de Granos y dar marcha atrás con la desregulación?
La Junta Nacional de Granos tenía entre sus atribuciones fundamentales la de establecer precios sostén para favorecer a los pequeños productores agropecuarios. Si caía por debajo, la Junta lo establecía. Ahora muchos están hablando de eso. En los noventa, se tenía la visión opuesta de que había que impulsar el “desarrollo” y darle todas las garantías a estas empresas. Vienen al país porque son tremendamente rentables y generan enormes pasivos sociales y ambientales. El gobierno debería haber intervenido más sobre todo en la cuestión ambiental.
El actual ministro de Economía había dicho que, a la hora de pensar en pagar la expropiación, deberíamos incluir los pasivos ambientales que generó Repsol. Ahora parece que no lo tomaron en cuenta y están impulsando el fracking en Vaca Muerta, que es uno de los peores sistemas en materia ambiental.
¿Lo que ustedes denominan modelo extractivista vendría a ser el rostro actual del desarrollo?
Bueno, para determinados sectores del gobierno si. Para muchos gobernadores si: es la única salida. Dicen que la minería es la salvación pero es todo lo contrario. Catamarca, San Juan y La Rioja tienen enormes pasivos ambientales.
¿Cuál fue la política principal del gobierno ante el boom de los precios internacionales de los commodities?
Fue aprovechar esa circunstancia. Grobocopatel decía que había soja para rato y el gobierno se jugó a eso. Pensó que no había que generar resquemores con sectores de poder a nivel internacional para maniobrar y seguir con otras políticas de inclusión social.
¿Qué debería haber hecho y no hizo?
Tener una política más firme con el extractivismo. No basar toda su estrategia de comercio exterior en la soja. Eso trae consecuencias a largo plazo para la economía en general. El agronegocio involucra la siembra directa y la utilización masiva de agrotóxicos, que generan perjuicios enormes para la población. Implica además la deforestación porque se expande la frontera agropecuaria hacia el Norte. Debería haber tenido una perspectiva más amplia para visualizar todos estos temas.
¿No fue igual en otros países de América Latina?
Fue igual en todas partes. Incluso los gobiernos progresistas siguen con el extractivismo y hay protestas en toda América Latina en contra de la minería o de la soja.

Kicillof ministro
¿La devaluación es un premio tardío que el gobierno le entrega a los sojeros como un intento de reconciliación?
No sé si es un premio tardío o un reconocimiento de que ciertas variables se están descompensando demasiado y hay que ponerle freno a eso. Se piensa que la devaluación permite coordinar la política de alguna manera. Lo cierto es que, con la inflación, hay una tendencia a que el peso sea sobrevaluado en relación al dólar. La inflación es inercial y los empresarios se cubren. Los bienes exportables son cada vez menos rentables y eso va incidiendo sobre el superávit de la balanza comercial. La fuga de capitales se generaba a partir de la expectativa de que el gobierno iba a devaluar. Pero el sector agropecuario, los sojeros especialmente, no tienen problema de rentabilidad.
¿Y cuál es el mayor riesgo de devaluar?
El peligro de todo esto es que profundicen un ajuste y se nieguen a aumentar los salarios. La economía se está enfriando porque la devaluación genera caída de los salarios reales y hay menos consumo. Claro, no llegamos al ajuste tipo España o Grecia, donde la deuda es más del 100 % del PBI nacional. Tenemos la ventaja de una política de desendeudamiento que fue importante. Pero acá la cuestión es si seguimos con políticas ortodoxas, con los ajustes, o si seguimos con políticas heterodoxas y qué políticas heterodoxas. No sé quién está pensando en una política heterodoxa en la oposición. Dentro del gobierno, tampoco se ve claro.
¿Cómo lo ve a Kicillof en este marco, usted que lo conoce?
No sé. Yo lo conozco de ámbitos académicos pero además somos amigos. Éramos amigos, no sé hoy. Jajaja. Me extrañó que él devaluara. No sé si tendría que haberlo hecho en ese momento porque eso desató un montón de factores y no sé si va a poder controlar las variables económicas, incluyendo el salario. Él estaba en mi Cátedra. Yo fui su director de tesis, después fui su director en el Conicet. Siempre tuvimos buena relación. Los ayudantes de mi Cátedra son todos recomendados por él. Él es muy inteligente a nivel académico. Conoce sobre teoría económica y no se puede decir lo mismo sobre los ministros de Economía por lo general. Pero supongo que ser ministro significa otra cosa: administrar el Estado y enfrentarse a una serie de grupos de poder. No sé cuáles son los sectores en que se apoya para impulsar su política ni cuáles serían hoy sus objetivos. No sé qué respaldo tiene para planificar. Gelbard tenía a la CGE que lo apoyaba y sectores sindicales que lo apoyaban, la Federación Agraria era aliada. Era un contexto diferente para impulsar una política de control de precios o de pacto social.
¿No duró tanto el pacto social de Gelbard no?
Es cierto. Pero el panorama era otro. Y por otra parte yo no sé que les pasa a las personas cuándo asumen cargos de importancia. De un ámbito universitario, acostumbrado a las discusiones y a la crítica de la economía, pasar a un lugar y tener que defender una política y soslayar ciertos temas que hay que soslayar en función de objetivos más amplios. Entonces, no sé si la gente cambia. La política cambia a las personas al menos cuando tienen que tomar decisiones. Por ahí cambian en cierto sentido y empiezan a ser más cínicos de decir no podemos hacer esto, ni lo otro. No sé si él se ha metido en este brete de pensar muy en las cosas de corto plazo y dejar de pensar en las de más largo plazo. No sé hacia donde apunta.
Uno de sus objetivos más importantes es llegar a un acercamiento con los organismos de crédito internacional y terminar la etapa del desendeudamiento.
Si, ¿pero qué significa llegar a un acuerdo con el Club de París? ¿Que vamos a endeudarnos como siempre?. Entonces vamos a terminar como antes: pedir nuevos préstamos para pagar viejos préstamos. Los Precios Cuidados están bien, pero al mismo tiempo hay una nueva política energética y se está impulsando el sector petrolífero con aumentos de combustibles. No sé pensó hasta ahora en una política energética alternativa.
El regreso de los ortodoxos
¿Usted también trabajó con Guillermo Calvo, que ahora aparece ligado a Scioli?
Calvo es un ultraortodoxo pero yo lo conozco de hace mucho tiempo, cuando era joven y tenía otras ideas. Es muy inteligente. Trabajamos juntos. Calvo era más progresista, no creía en el mercado. En mi época, la doctrina hegemónica en la academia de economía, en el departamento de Economía de Estados Unidos, en Inglaterra y también en nuestro país era el keynesianismo. El debate era entre Keynes y los ortodoxos. Ahora son todos ortodoxos. Todo es una sola doctrina, que es la neoclásica, en sus distintas variantes. Keynes demuestra ciertas fallas en el funcionamiento del sistema capitalista y hace propuestas para superarla. En ese sentido, uno puede decir que el gobierno actual impulsó una política más keynesiana de mantener la demanda a nivel global.
Moyano dijo que el gobierno está haciendo un ajuste sobre los salarios y con eso está sepultando el modelo de consumo. ¿Usted cómo lo ve?
No sé si el gobierno está haciendo todo eso tal cual, aunque da la impresión de que si. Hay que ver qué van a hacer con las negociaciones colectivas. Le querría ver la cara a Axel junto con los docentes porque siempre estaba de este lado. Ahora de golpe se encuentra del otro lado. Si los aumentos no son acordes con la inflación, eso significa un ajuste. Y en ese sentido tiene razón Moyano. Los salarios fueron a la cola de la inflación, salvo algunos gremios importantes.
¿Cómo ve el juego de la oposición? Pareciera que están pidiendo un ajuste mayor.
Si Scioli tiene como uno de los asesores principales a Blejer, hombre del Fondo Monetario, no sé qué se puede esperar. Massa, tiene a Peirano y Lavagna, que por ahí tienen alguna propuesta más heterodoxa, pero el conjunto de la política del massismo tiende hacia una política neoliberal. Y la presión internacional apunta a eso. Veo una situación difícil. ¿Quién de la oposición tiene un proyecto alternativo al ajuste?
¿Por qué cuestiona a Carta Abierta?
Es muy pro-gobierno pero se nota la falta de una perspectiva crítica. Y no quieren discutir. Ellos dicen que el gobierno se enfrentó a los grupos de poder. En algunas cosas sí, Clarín y el asunto de los medios, pero yo creo en cambio que una de las cuestiones más graves fue no tener una política firme respecto de los grandes poderes. Que haya habido una concentración de capital como lo hubo en distintos sectores. Las políticas de Moreno en materia de control precios, subsidiar a los supermercados para que no aumentaran los precios, era reconocerlos como factores de poder. Pero lo que más critico es el extractivismo, que en sectores del gobierno dicen que no es importante y que se impulsó a más no poder. Como me dijo uno de ellos: ¿qué hubiéramos hecho si no hubiéramos tenido la soja? La crisis actual es producto también de las políticas que ellos impulsaron. Se promovió la soja pero no se promovió la producción de alimentos. Se podría haber impulsado la producción orgánica que es más saludable que la producción sojera, que además es 95 % para exportación. La paradoja es que los precios agropecuarios lideran el proceso inflacionario y eso es mucho más regresivo para los sectores asalariados porque destinan la mayor parte de su presupuesto familiar a la compra de alimentos.
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