2015 y el partido de Cristina

por Juan Pablo Maccia



Como analista político, lo mejor es callar. Prístino es el panorama: eximida por ley de la competencia del 2015, Cristina asiste, magnífica, a una escena en la que tiene todo por ganar, poco por perder. Lo curioso del asunto es que los zánganos que rodean la escena fungiendo de opositores -y no tanto- se sienten igualmente favorecidos, dando lugar a un paradojal consenso postelectoral.

En efecto, cada quien se complace con lo que le toca: la Presidenta, con controlar aproximadamente un 33% de los votos; las fuerzas que aspiran a la sucesión se entusiasman con una competencia entre fragmentos anti k. En esa disputa quien salga segundo –así sea por centésimos– se beneficiaría en el ballotage (siempre bajo el supuesto de que quien se posicione como candidato anti-k alinearía automáticamente el astillado arco opositor).

Para que este supuesto pueda darse, resulta estratégica la división del peronismo bonaerense. Ese ha sido –y seguirá siendo- el aporte de Massa en vistas a la constitución de un escenario no tan diferente al del 2003 –cuando por mera casualidad entró Kirchner y no López Murphy a la segunda vuelta contra Menem.

Al déficit de interpelación política (monopolio de la Presidenta, única excluida para el 2015) lo sustituye el juego de azar. Cada uno de los contrincantes abraza una de las dos reglas que organizan el juego: los opositores apuestan por segunda vuelta; el FpV lo hará por las PASO.

Sólo en un escenario como éste, en el que el aumento de la fragmentación favorece la dimensión de juego de azar, se comprende la persistencia de candidaturas como las de Macri, Massa, Biner y hasta de los radicales.

Tanta transparencia aburre al punto de que ni el milagro teológico político que une a un neoliberal, sojero y chupasirios junto a un judío marxista-keynesiano en la tarea común de corregir los desperfectos del modelo concita verdadero estupor.

Pero lo que no puedo decir como analista lo digo como militante. Gobierne quien gobierne, el futuro –con toda probabilidad– es de Cristina, que sale fortalecida de cada percance. 2015 se anuncia, para ella, como un baño en las fuentes. No hay dudas que entonces (y solo entonces, cuando podamos hacer un balance crudo de UyO) habrá renovación de contrato con las energías sociales transformadoras.

Con solo evitar que la saquen con las patas para adelante, Cristina se entregará a lo que le pedimos que haga desde el 2011: organizar el partido, la fuerza, dentro del movimiento. Con liderazgo, salud y sin compromiso de gobierno: ¿no será ese el momento de retomar las luchas del 2001 y 2008? Yo creo que sí, y para ese momento tenemos que prepararnos.
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