Política y enfermedad: diagnostico “ilusionitis”

por Juan Pablo Maccia


Cristina está convaleciente. He pasado por estados de gravedad y me siento autorizado a reflexionar sobre este asunto. Es preciso ser claros al respecto: debemos denunciar a los mediocres que hacen palanca de este episodio como clave para comprender el presente político. Su tesis última es la siguiente: la enfermedad de Cristina ofrece un punto débil en el cuerpo de una presidenta que se negaba a debilitarse en momentos de evidente fragilidad política de su gobierno. Se insiste en la debilidad “encarnada” por alguien que –esto es lo que desean subrayar- está arropada de una fuerza especial, mítica.

Las derechas espiritualistas quieren decirnos que el traspié presidencial –sobre el cual no me pronuncio por prudencia  y por pudor- demuestra que la presidenta no es sagrada, sino mortal. Anticipan, así, la fiesta que vivieron a comienzos de año con Chávez.

Para estos energúmenos de Vaticano, la prueba de humanidad constituye motivo de alivio. Es necesario que no caigamos nosotros, quienes sostenemos y apoyamos a la presidenta, en este tipo de delirio místico. Seamos claros entonces: la densidad afectiva que corona a la figura presidencial no proviene (ni se evapora) a partir de instancias sobre-humanas, sino del modo en que han circulado en política las pasiones colectivas durante la última década larga. 

No podemos dejar que la relación entre enfermedad, muerte y política quede en manos de las religiones y las derechas más delirantes. Al contrario, debemos ser nosotros –médicos materialistas- quienes hagamos el mejor de los diagnósticos (que es siempre el que explica los delirios políticos colectivos) y desorganicemos las locuras de un cristianismo renovado o de un cientismo liberal al estilo del “estrábico doctor Nelson Castro”.

Analicemos primero las patologías políticas más típicas e intentemos, luego, un breve diagnóstico del mal que nos acosa a los kirchneristas:

a.       La enfermedad que ataca a quienes hacen de la política una aceptación desprejuiciada de las cosas tal y como son (tipo “la única verdad es la realidad”) es un delirio extremo de fijación. Esta patología enfatiza el “hay lo que hay” produciendo violentos ataques de ira contra todo aquello que, como matorral silvestre, se salga del cuadro paranoico de este hiper-realismo (enfermedad habitual en el peronismo tradicional o de derecha).

b.      El delirio que padecen quienes hacen de la política un ejercicio de búsqueda de posibilidades “creativas” dentro de lo que existe, suele expresarse como “voluntarismo in extremis”, patología por la cual se pierde el sentido de las relaciones efectivas en juego y da lugar a posiciones suicidas y/o depresivas (enfermedad habitual de ciertas izquierdas autonomistas y populistas).

c.       El mal que suele invadir a quienes entienden la política como persecución de la  utopía en tanto motor del presente consiste en una intensa pasión escatológica que obliga, ora a exagerar su vocación de “dar testimonio”, ora a desarrollar todo tipo de interpretación retorcida y/o oportunistas de los signos del presente a fin de confirmar los propios esquemas proféticos (enfermedad habitual en cristianos, izquierdistas idealistas y católicos de derecha).

d.      El síndrome que amenaza a quienes practican la política a partir de esquemas racionales, los cuales deberían ser impuestos por las buenas o por las malas a las conductas humanas, se trate de fórmulas racionales o morales, es totalitario y mesiánico y lleva a las mayores de las catástrofes durante el siglo XX (enfermedad habitual en moralistas, racionalistas marxistas, republicanos y neoliberales puros).

A la pregunta ¿en qué términos podemos diagnosticar la enfermedad política del kirchnerismo? Respondo lo siguiente: “ilusionisitis”. Se trata de una degeneración patológica, que consiste en una mezcla mal digerida (oscilante e inconsistente) de los componentes del movimiento, que hay que explicar a partir de las patologías descriptas en los puntos a y b. ¿Contamos con terapias laicas para este tipo flagelo?
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