Colombia, vientos de guerra en Corferias

por Héctor Riveros



La Convención de Uribe Centro Democrático se inició con una proposición relacionada con la decisión de la Corte Constitucional que declaró inexequible el acto legislativo que modificaba el fuero militar. Al exministro Fernando Londoño le encargaron la misión de ambientar la propuesta y se vino con una diatriba contra el proceso de paz y contra la “pandilla judicial” que mantiene a los militares presos.

Se pidió un minuto de silencio por los soldados caídos en el combate y Londoño arengó diciendo que las sociedades requerían de héroes y recordando que sus alumnos deberían haber aprendido la importancia de la fuerza para el derecho.

Después alguno de los precandidatos hizo poner de pie a los oficiales en retiro que estuvieron en la reunión para rendirles un homenaje y varias veces se pidió aplausos para el Coronel Plazas Vega condenado por los hechos del Palacio de Justicia. La verdad no fue el único preso que recibió aplausos, también los hubo –entre otros- para Luis Alfredo Ramos detenido por orden de la Corte Suprema de Justicia por supuestos vínculos con la parapolítica.

Inmediatamente después, el expresidente Uribe dijo que en los Talleres democráticos se había aprobado pedirle a los pre-candidatos presidenciales que, en caso de resultar elegido alguno de ellos como Presidente, el 8 de Agosto del 2014 sobrepasara el meridiano 82 como una demostración de soberanía frente a Nicaragua. La proposición fue aclamada.

Después vino una declaración contra el socialismo del siglo XXI y la dictadura venezolana, que se repitió a lo largo de los dos días de la Convención.

Cada uno de los candidatos –en diferentes tonos- dijo que daría por terminado el proceso de paz que adelantan los negociadores escogidos por el Gobierno colombiano y el grupo guerrillero de las Farc. “Se acabó la fiesta de La Habana” se repitió una y otra vez.

Oscar Iván Zuluaga, el candidato previamente escogido por los directivos del movimiento, entregó un corto programa cuya primera propuesta es: “Recuperar la política de seguridad democrática y complementarla con una justicia eficaz. La verdadera paz se construye con más seguridad y más justicia, no a partir de impunidad y privilegios políticos para los violentos”.

En su discurso de aceptación de la candidatura dijo que con las Farc no hay nada que negociar y que la paz son los cinco pilares del uribismo.

Fueron casi veinte horas de discursos altisonantes en el que no se mencionaron a las víctimas y en los que la palabra “conflicto” estaba proscrita: en Colombia no hay un conflicto hay una amenaza terrorista.

El lenguaje militar fue el que más se uso: ”soy un soldado de esta causa”; “el Presidente tiene que volver a ser el primer soldado”; “hasta la batalla final” fueron estribillos que se oyeron varias veces y el discurso de unción de Uribe a Zuluaga terminó diciendo: “en sus pulcras manos entrego esta batalla”.

Nadie habló de una sociedad más igualitaria y cuando se usaba la palabra democracia era para denotar cosas distintas de las que le corresponden. Nadie dijo, por ejemplo, que esa palabra proscribe intenciones de perpetuarse en el poder, o que obliga a respetar el sistema de controles y la separación de poderes, o que exige dar garantías a la oposición, o que obliga a respetar las reglas como la que ellos mismos habían adoptado de hacer una consulta para elegir su candidato. Es otra democracia la que ofrecen.

Quiérase que no, las próximas elecciones son un referendo por la paz. Con acuerdo o sin acuerdo en La Habana lo que se decide primero en marzo, en las elecciones de Congreso, o en mayo en las elecciones presidenciales es si los colombianos vamos a resolver el conflicto por la vía militar o por la vía negociada, si vamos a fortalecer nuestra Fuerza Armada para confrontar al vecindario, si en la lucha contra el crimen vamos a tener como máxima que el fin justifica los medios o si –en cambio- nos decidimos por apostarle al proceso de paz y a una sociedad más respetuosa de las reglas democráticas.

El uribismo se opone a que se convoque un referendo para aprobar o no un eventual acuerdo de La Habana pero en la práctica lo que plantea como estrategia electoral es que lo que se decida sea eso. La diferencia es que el eje que se propone es el de la guerra y no el de la paz.

El Congreso aprobó una reforma a la ley estatutaria para abrir la posibilidad de que un eventual referendo se pueda hacer el día de las elecciones. Para marzo es imposible por razones de tiempo y para mayo tampoco parece posible. Pero con ese referendo o sin él la disyuntiva será la misma.

En términos electorales la dificultad está en que quienes están del lado de la paz están divididos: hay unos con el Presidente Santos, quien cada vez parece más decidido a asumir que éste es el tema y otros: “la tercería” que buscan un candidato porque no les gusta Santos, pero que respaldan el proceso de paz. Éstos últimos perdieron una parte de su discurso electoral con la bajada de Uribe a Pacho Santos. El estribillo de lo patético que resultaba tener que escoger entre dos Santos Calderón se acabó.

Hay además un amplio sector de la opinión que no está organizada, que no tiene voceros, que no está alienado ni con la reelección, ni con “la tercería” que en realidad es una tendencia de sectores de izquierda hasta ahora minoritarios. Quizás la clave está en que esa fuerza se active para promover una especie de coalición “pro-paz”

Si no, si el aire marcial que se respiraba por estos días en Corferias en Bogotá se llega a propagar, habrá que aprovisionarse para tiempos de guerra.
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