Las manifestaciones de junio de 2013 en la ciudad de San Pablo

por Marilena Chaui
Traducción exclusiva para Lobo Suelto!: Mariana Gainza


Las que siguen no son reflexiones sobre todas las manifestaciones ocurridas en el país, sino que focalizan principalmente las de la ciudad de San Pablo. De cualquier forma, ciertas consignas y actitudes en común con las manifestaciones de otras ciudades (la forma de la convocatoria, la cuestión de la tarifa del transporte colectivo como punto de partida, la desconfianza en relación a la institucionalidad política como punto de llegada), así como el tratamiento que todas ellas recibieron por parte de los medios de comunicación (condena inicial y celebración final, incluida la criminalización de los “vándalos”), permiten algunas consideraciones más generales a título de conclusión.
El detonante de las manifestaciones paulistas fue el aumento de la tarifa del transporte público y la acción contestataria de la izquierda junto al Movimiento Passe Livre (MPL), existente desde 2005 y compuesto por militantes de partidos de izquierda. En su reivindicación específica, el movimiento resultó victorioso bajo dos aspectos: 1. consiguió la reducción de la tarifa; 2. definió la cuestión del transporte público en el marco de los derechos de los ciudadanos,  afirmando, por lo tanto, el núcleo de la práctica democrática: la creación y la defensa de derechos mediante la explicitación (y no el ocultamiento) de los conflictos sociales y políticos.
El infierno urbano
No fueron pocos los que expresaron, en los medios de comunicación, su perplejidad frente a las manifestaciones de junio de 2013: ¿cómo y por qué surgieron, siendo que los grandes problemas que siempre atormentaron al país (desempleo, inflación, violencia urbana y rural) van encontrando soluciones, y en un contexto de estabilidad política? Las preguntas son justas, pero la perplejidad no, si tenemos en cuenta algo que siempre fue crucial para los movimientos populares: la situación de la vida urbana en las grandes capitales brasileñas.
¿Cuáles son los rasgos más característicos de la ciudad de San Pablo en los últimos años, de cierta forma extensibles a las demás ciudades? Sintéticamente, diríamos que son los siguientes:
- explosión del uso del automóvil individual. La movilidad urbana se volvió casi imposible, en tanto la ciudad se estructura en torno a un sistema vial destinado a los autos particulares en detrimento del transporte colectivo, siendo a su vez incapaz ese sistema de resolver el problema;
- explosión inmobiliaria con la construcción de grandes condominios residenciales (verticales y horizontales) y shopping centers, que producen una densidad demográfica prácticamente incontrolable, además de no contar con redes adecuadas de agua, electricidad y cloacas, resultando de ello problemas evidentes (por ejemplo, cuando llueve);
- aumento de la exclusión social y la desigualdad, debido a la expulsión de los habitantes de las regiones elegidas por los grandes especuladores inmobiliarios, el consecuente aumento de las periferias pobres y su creciente distancia en relación a los lugares de trabajo, a los centros educativos y a los servicios de salud. (En el caso de San Pablo, como señala Hermínia Maricatto, se dio la ocupación de las regiones de manantiales, poniéndose en riesgo la salud de toda la población); en resumen: degradación de la vida cotidiana de las capas más pobres de la ciudad;
- el transporte colectivo indecente, indigno y mortífero.  En el caso de San Pablo, se sabe que el programa de subtes contemplaba la entrega de 450 km de vías para  1990; siendo que de hecho, al año 2013, el gobierno estadual ha habilitado sólo 90 km. Además, la flota de trenes subterráneos no fue ampliada, es vieja y está mal conservada; no sólo se verifica su insuficiencia cuantitativa para atender la demanda, sino que ocurren retrasos constantes por la rotura de los trenes y de los instrumentos de control de las operaciones. Lo mismo puede decirse de los trenes de la CPTM [Compañía Paulista de Trenes Metropolitanos], que también son responsabilidad del gobierno estadual. En el caso del transporte colectivo, bajo control municipal, el sector es completamente dominado por un cártel que no le rinde cuentas a nadie: los colectivos son fabricados con carrocerías para camiones, por lo tanto, están hechos para transportar cosas y no personas; las flotas están deterioradas y atrasadas respecto a las necesidades de la población, sobre todo la de las periferias; las líneas son excesivamente largas, pues eso las vuelve más lucrativas, de manera que los pasajeros tienen que soportar trayectos absurdos, perdiendo horas para ir y volver del trabajo, las escuelas o los servicios de salud; no hay líneas que conecten puntos diversos del centro de la ciudad ni líneas inter-barriales, de manera que el uso del auto particular se hace casi inevitable para trayectos menores;
En resumen: definidas y orientadas por los imperativos de intereses privados, las montadoras de vehículos, las constructoras civiles y las empresas de transporte colectivo dominan la ciudad sin asumir ninguna responsabilidad pública, imponiendo lo que llamo un infierno urbano.
La tradición paulista de luchas

Recordemos: la ciudad de San Pablo (como varias de las grandes ciudades brasileñas) tiene una tradición histórica de revueltas populares contra las pésimas condiciones del transporte colectivo, esto es, la tradición del "quebra-quebra", cuando, desesperados y enfurecidos, los ciudadanos destruyen e incendian ómnibus y trenes (a la manera de lo que hacían los obreros a comienzos de la Segunda Revolución Industrial, cuando usaban los zuecos de madera –en francés: sabots– para romper las máquinas –de donde proviene la palabra francesa sabotage, sabotaje). Sin embargo, ese no fue el camino que tomaron las manifestaciones actuales, y sería interesante indagar por qué. Quizás porque el MPL, en tanto movimiento de izquierda, politiza explícitamente la protesta, en vez de politizarla simbólicamente (como lo hace el quebra-quebra).
Recordemos: entre las décadas de 1970 y 1990, las organizaciones de clase (sindicatos y asociaciones) y los movimientos sociales y populares tuvieron un papel político decisivo en el establecimiento de la democracia en Brasil por los siguientes motivos: 1. introducción de la idea de derechos sociales, económicos y culturales más allá de los derechos civiles liberales; 2. afirmación de la capacidad auto-organizativa de la sociedad; 3. introducción de la práctica de la democracia participativa como condición de la democracia representativa a ser efectivizada por los partidos políticos. En una palabra: los sindicatos, asociaciones, movimientos sociales y movimientos populares eran políticos, valoraban la política, proponían cambios políticos y se orientaban hacia la creación de partidos políticos como mediadores institucionales de sus demandas. 
Eso prácticamente desapareció de la escena histórica como efecto del neoliberalismo, que produjo: 1. fragmentación, tercerización y precarización del trabajo (tanto industrial como de servicios), dispersando a la clase trabajadora, que se ve frente al riesgo de perder sus referencias de identidad y de lucha; 2. reflujo de los movimientos sociales y populares y su sustitución por las ONGs, que funcionan con una lógica distinta a la de los movimientos sociales; 3. surgimiento de una nueva clase trabajadora heterogénea, fragmentada, aún desorganizada y sin formas propias de lucha, ausente del espacio público y, por todo esto, atraída y devorada por ideologías individualistas como la “teología de la prosperidad” (del pentecostalismo) y la ideología del “emprendimiento” (de la clase media), que estimulan la competencia, el aislamiento y el conflicto interpersonal, rompiendo formas anteriores de sociabilidad solidaria y de lucha colectiva.
Levantándose contra los efectos del infierno urbano, las manifestaciones conservaron de la tradición de los movimientos sociales y populares la organización horizontal, sin distinción jerárquica entre dirigentes y dirigidos. Pero, diversamente de los movimientos sociales y populares,  tuvieron una forma de convocatoria que las transformó en un movimiento de masas, con miles de manifestantes en las calles.
El pensamiento mágico
      La convocatoria fue hecha a través de las redes sociales. A pesar de la celebración  de ese tipo de convocatoria, que quebranta el monopolio de los medios de comunicación de masas, es necesario mencionar, no obstante, ciertos problemas asociados al uso de la red –algunas de cuyas características la aproximan a los procedimientos mediáticos:
A.                             la convocatoria es indiferenciada: podría servir para un show de Madonna, para una maratón deportiva, etc.; esta vez se puso en marcha por la tarifa del transporte público;
B.        tiene la forma de un acontecimiento, o sea, es puntual, sin pasado, sin futuro y sin un saldo organizativo; en este caso, aunque haya partido de un movimiento social (el MPL), a medida que creció fue produciendo el paulatino rechazo de la estructura del movimiento social, para convertirse en un espectáculo de masas. (Dos ejemplos confirman eso: la ocupación de Wall Street por los jóvenes de Nueva York, que antes de disolverse se volvió un punto de atracción turística para los visitantes de la ciudad; el caso -más triste- de Egipto, donde las manifestaciones, permaneciendo como acontecimientos y sin dar lugar a alguna forma de auto-organización política de la sociedad, fueron la ocasión aprovechada por los poderes existentes para pasar de una dictadura a otra);
C.        asume gradualmente una dimensión mágica, cuyo origen se encuentra en la naturaleza del propio instrumento tecnológico empleado, pues éste opera mágicamente, dado que los usuarios son exactamente eso, usuarios, y por lo tanto no poseen el control técnico y económico del instrumento que usan –o sea, desde este punto de vista, se encuentran en la misma situación que los receptores de los medios de comunicación de masas. La dimensión involucrada es mágica porque, así como basta con apretar un botón para que todo aparezca, también se cree que alcanza con querer para que las cosas sucedan. Ahora bien, además de la ausencia de un control real sobre el instrumento, la magia repone uno de los recursos más profundos de la sociedad de consumo difundida por los medios de comunicación: la idea de una satisfacción inmediata del deseo, sin mediación alguna;
D. el rechazo de las mediaciones institucionales indica que estamos frente a una acción propia de la sociedad de masas, por lo tanto,  indiferente a las determinaciones de clase; en este caso, en tanto se presenta como una acción de la juventud, el movimiento  asume la apariencia de que el  universo de los manifestantes es homogéneo o masivo, aunque en verdad sea heterogéneo desde el punto de vista económico, social y político -siendo suficiente recordar que las manifestaciones de las periferias no fueron sólo de la “juventud” ni de la clase media, sino de jóvenes, adultos, niños y viejos de clase trabajadora.
En su punto de llegada, las manifestaciones introdujeron el tema de la corrupción política y el rechazo de los partidos políticos. Sabemos que el MPL está constituido por militantes de varios partidos de izquierda, pero para asegurar la unidad del movimiento, evitó la referencia a los partidos de origen. Por eso fue a las calles sin definirse como expresión de partidos políticos y, en San Pablo, cuando los militantes partidarios salieron a las calles a festejar la victoria [la reducción de la tarifa del transporte], fueron denostados, golpeados y expulsados mientras se los acusaba de oportunistas –sufrieron una represión violenta por parte de la masa. O sea, algunos manifestantes practicaron sobre otros la violencia que habían condenado en la policía.
      La crítica a las instituciones políticas no es infundada, sino que tiene bases concretas:
a) en el plano coyuntural: el infierno urbano es, efectivamente, responsabilidad de los partidos políticos gobernantes;
b) en el plano estructural: en Brasil, una sociedad autoritaria y excluyente, los partidos políticos tienden a ser clubes privados de oligarquías locales, que usan lo público para sus intereses privados; la calidad de los legisladores en los tres niveles es la más baja posible y la corrupción es estructural; como consecuencia, la relación de representación no se concretiza porque priman las relaciones de favor, clientela, tutela y cooptación;
c) la crítica al PT: de haber abandonado la relación con aquello que determinó su nacimiento y crecimiento, esto es, el campo de las luchas sociales auto-organizadas y haberse transformado en una máquina burocrática y electoral (como han dicho y escrito muchos militantes a lo largo de los últimos 20 años).

Aunque todo esto explique el rechazo de la política, eso no significa sin embargo que tal rechazo haya sido motivado por una clara comprensión del problema por parte de los manifestantes. De hecho, la mayoría de ellos no expresa en sus discursos un análisis de las causas de ese modo de funcionamiento de los partidos políticos, es decir, la estructura autoritaria de la sociedad brasileña, por un lado, y el sistema político-partidario montado por la casuística de la dictadura, por el otro. En lugar de luchar por una reforma política, buena parte de los manifestantes recusa la legitimidad del partido político como institución republicana y democrática. Así, en este aspecto, a pesar del uso de las redes sociales y de la crítica a los medios de comunicación, la mayoría de los manifestantes adhirió al mensaje ideológico difundido desde hace años por los medios de comunicación de que los partidos son esencialmente corruptos. Como se sabe, esa posición de los medios  tiene la finalidad de conferirles el monopolio de las funciones del espacio público, como si no fuesen empresas  capitalistas movidas por intereses privados. De esa manera,  el rechazo y la crítica a los medios de comunicación por parte de los manifestantes no impidió que gran parte de ellos adhiriera a la perspectiva de la clase media conservadora sobre la ética difundida por esos mismos medios. De hecho, la mayoría de los manifestantes, reproduciendo el lenguaje mediático, habló de ética en la política (que supone la transposición de valores del espacio privado al espacio público), cuando en verdad se trataría de afirmar la ética de la política (esto es, valores propiamente públicos), ética que no depende de las virtudes morales de las personas privadas de los políticos, sino de la calidad de las instituciones públicas en cuanto instituciones republicanas. La ética de la política, en nuestro caso, depende de una profunda reforma política capaz de crear instituciones democráticas republicanas y de destruir, de una vez por todas, la estructura dejada por la dictadura, que fuerza a los partidos políticos a realizar coaliciones absurdas para gobernar, coaliciones que comprometen el sentido y la finalidad de sus programas y que abren las compuertas a la corrupción. En lugar de la ideología conservadora y mediática que sostiene que la política es corrupta por definición y por esencia, se trata de promover una práctica innovadora con capacidad de crear instituciones públicas que impidan la corrupción, que garanticen la participación, la representación y el control de los intereses públicos y los derechos por los ciudadanos. En pocas palabras, se trata de promover una invención democrática. 
Ahora bien, al entrar en escena el pensamiento mágico, los manifestantes dejan de lado el hecho de que mientras no sea creada una nueva forma de la política que prescinda de los partidos –lo cual tal vez ocurra en un futuro distante–, mientras tanto, entonces, en una república democrática (al contrario de una dictadura) nadie gobierna sin un partido, pues es éste el que crea y prepara cuadros para las funciones gubernamentales con vistas a la concretización de los objetivos y las metas de los gobernantes electos. Bastaría con que los manifestantes se informaran sobre el gobierno Collor para entender eso: Collor partió de las mismas afirmaciones hechas por una parte de los manifestantes (los partidos políticos, corruptos, son cosa de sultanes) y se presentó como un hombre sin partido. Resultado: a) no tuvo cuadros para formar el gobierno, ni directrices ni metas coherentes, y b) le imprimió al gobierno rasgos autocráticos (“el gobierno soy yo”). Con lo cual, sucedió lo que sucedió.
Además, parte de los manifestantes está adoptando la posición ideológica típica de la clase media, que aspira a gobiernos sin mediaciones institucionales y, por lo tanto, dictatoriales. Es por eso que surge la afirmación de muchos manifestantes, envueltos en la bandera nacional, de que “mi partido es mi país”, ignorando quizás que esa fue una de las afirmaciones fundamentales del nazismo contra los partidos políticos.
Así, en lugar de inventar una nueva política, en vez de ir rumbo a una invención democrática, el pensamiento mágico de gran parte de los manifestantes se irguió contra la política, reducida a la figura de la corrupción. Históricamente, sabemos qué efectos tienen esas posiciones. Por eso, no nos deben sorprender, aunque sí deben alarmarnos, las imágenes de jóvenes militantes de partidos y movimientos sociales de izquierda apaleados y ensangrentados durante la manifestación de conmemoración de la victoria del MPL. Ya vimos imágenes de ese tipo en la Italia de los años 1920, en la Alemania de los años 1930 y en el Brasil de los años 1960-1970.

Conclusión provisoria
Desde el punto de vista simbólico, las manifestaciones poseen un sentido importante que contrabalancea los problemas aquí mencionados.
No se trata, como se oyó decir en los medios de comunicación, de que los jóvenes finalmente abandonaron la “burbuja" del condominio cerrado y del shopping center y decidieron ocupar las calles (ya podemos prever el número de novelas y mini-series que usarán esa idea para incrementar la audiencia del programa High School Brasil de la Red Globo). Simbólicamente, a pesar de sí mismos y de sus afirmaciones explícitas contra la política, los manifestantes protagonizaron un acontecimiento político: le dijeron no a lo dado, objetando las acciones de los poderes ejecutivos, municipales, estaduales y federal, así como las acciones del poder legislativo en los tres niveles. Practicando la tradición del humor corrosivo que recorre las calles, modificaron el sentido habitual de las palabras y del discurso conservador por medio de la inversión de las significaciones y de la irreverencia, indicaron una nueva posibilidad de praxis política, una brecha para repensar el poder, como escribió un filósofo político sobre los acontecimientos de mayo de 1968 en Europa.
 Justamente porque se abre una nueva posibilidad política, vale la pena hacer algunas observaciones para que estemos alertas ante los riesgos de apropiación y destrucción de esa posibilidad por la derecha conservadora y reaccionaria.
Comencemos por una obviedad: como las manifestaciones son de masas (de la juventud, como difunden los medios), sin que aparezcan determinaciones de clase -que, sin embargo, son claras en la composición social de las manifestaciones de las periferias paulistas-, es preciso recordar que una parte de los manifestantes no vive en las periferias de las ciudades y no experimenta la violencia cotidiana experimentada por la otra parte de los manifestantes. A partir de eso, podemos indagar algunas cosas. Por ejemplo: los jóvenes manifestantes de clase media que viven en condominios residenciales ¿tienen idea de que sus familias también son responsables por el infierno urbano (el aumento de la densidad demográfica de los barrios y la expulsión de los sectores populares hacia las periferias distantes y pobres)? Los jóvenes manifestantes de clase media que al cumplir 18 años recibieron un auto de regalo (o están a la expectativa del regalo cuando lleguen a esa edad) ¿tienen idea de que también son responsables por el infierno urbano? ¿No es paradójico, entonces, que luchen contra aquello que resulta de sus propias acciones (o las de sus familias) pero atribuyendo toda la responsabilidad a la política corrupta, como es típico de la clase media?
Estas indagaciones no son gratuitas, ni expresión de una mala voluntad respecto a las manifestaciones de 2013. Tienen un motivo político y un lastre histórico.
      Motivo político: señalamos anteriormente el riesgo de apropiación de las manifestaciones por una orientación conservadora y autoritaria. Sólo será posible evitar ese riesgo si los jóvenes manifestantes tienen en cuenta algunas cuestiones:
1.                  ¿están dispuestos a luchar contra las acciones que provocan el infierno urbano y, por lo tanto, a enfrentar verdaderamente el poder del capital de las montadoras de autos, las empresas inmobiliarias y los cárteles del transporte que, como todos saben, no se relacionan  pacíficamente (para decir lo mínimo) con las demandas sociales?
2.        ¿están dispuestos a abandonar la suposición de que la política se hace mágicamente sin mediaciones institucionales?
3.        ¿están dispuestos a comprometerse en la lucha por la reforma política, a fin de inventar una nueva política, libertaria, democrática, republicana y participativa?
4.        ¿están dispuestos a no reducir su participación a un acontecimiento puntual y efímero y a no dejarse seducir por la imagen que de ellos quieren producir los medios de comunicación?
Lastre histórico: cuando Luiza Erundina, partiendo de las demandas de los movimientos populares y del compromiso con la justicia social, propuso la Tarifa Cero para el transporte público de San Pablo, explicó a la sociedad que la tarifa debía ser subsidiada por la Municipalidad, y que ella no permitiría que el subsidio implicara recortes de los presupuestos de educación, salud, vivienda y asistencia social, es decir, recortes en los programas sociales prioritarios de su gobierno. Antes de proponer la Tarifa Cero, aumentó un 500% la flota de la CMTC (explicación para los jóvenes: la CMTC era la antigua empresa municipal de transporte) y forzó a los empresarios privados a renovar su flota. Después de eso, en innumerables audiencias públicas, presentó todos los datos y planillas de la CMTC y obligó a los empresarios de las compañías privadas de transporte colectivo a hacer lo mismo, de manera que la sociedad fue plenamente informada sobre los recursos que serían necesarios para el subsidio. Ella propuso, entonces, que el subsidio viniese de un cambio tributario: el IPTU progresivo -es decir, se aumentaría el impuesto inmobiliario a los más ricos, que contribuirían para el subsidio junto con otros recursos de la Municipalidad. En la medida en que los más ricos, en tanto personas privadas, tienen empleados domésticos que usan el transporte público, y, en tanto empresarios, también tienen empleados usuarios de ese mismo transporte, una forma de realizar la transferencia de ingresos que es base de la justicia social sería, precisamente, hacer que parte del subsidio proviniese del nuevo IPTU. Los jóvenes manifestantes de hoy desconocen lo que pasó: hubo comerciantes que cerraron calles enteras, empresarios que amenazaron con un lockout, se hicieron manifestaciones en los barrios de clase alta contra el “totalitarismo comunista” de la intendenta y los poderosos de la ciudad “negociaron” con los concejales la no aprobación del proyecto de ley. La Tarifa Cero no fue aprobada. Discutida con mecanismos de democracia participativa, presentada con honestidad y ética política, sin asomo alguno de corrupción, la propuesta fue rechazada. Ese lastre histórico muestra el límite del pensamiento mágico, pues no basta con la ausencia de corrupción, como imaginan los manifestantes, para que todo suceda inmediatamente de la mejor manera y tal cual se lo desea.
Cabe una última observación: si no tienen en cuenta la división social de clases, esto es, los conflictos de intereses y  de poderes económico-sociales, los manifestantes no comprenderán el campo económico-político en el cual se están moviendo cuando imaginan estar actuando fuera de la política y contra ella. Entre los varios riesgos de esa imaginación, conviene recordar a los manifestantes que se sitúan a la izquierda que, si no tienen autonomía política y si no la defienden con mucha fuerza, podrán favorecer en Brasil a los mismos poderes económicos y políticos que organizaron grandes manifestaciones de derecha en Venezuela, en Bolivia, en Chile, en Perú, en Uruguay y en Argentina. Y los medios, satisfechos, agradecerán por los altos índices de audiencia.
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