Good Show: la disputa por la percepción (entre Periodismo Para Todos y "Unidos y Organizados")

por Partes Naturales



La batalla por lo que se ve y lo que se dice

Si Perodismo para todos (PPT) fuera simplemente un show bien hecho, en el sentido de “despolitizado”, tal y como apuntaron recientemente desde 6,7,8, no incomodaría tanto al oficialismo. Después de todo, un programa banal que capta público banal no puede preocupar a un gobierno movilizado.

Encender la alarma ante el presentimiento de que los banales puedan ser muchos, roza el prejuicio que el prestigioso Jacques Ranciére denominó el “odio a la democracia” (por lo que no consideramos esta opción).

Si 6,7,8 habla se obsesiona con el tema, es porque el tema importa. Y es que una cosa no quita a la otra: un show que triunfa como show político importa en la medida en que sea capaz de hacer un buraco a ciertas pretensiones comunicativas oficiales.

Todo lo cual refuerza nuestra impresión de que lo que está aquí en disputa son los umbrales de percepción de la población. Y esa lucha se da sobre todo en el plano de los medios.

Tras las denuncias de corrupción hay más que mera oposición

Lanata no es, como se dice, el jefe de la oposición. Es más que eso. Es el único rival de peso que enfrenta al kirchnerismo en la batalla desatada en torno de la percepción de la realidad; encarnizada disputa por decidir qué cosa tenemos que entender por “país real”, y qué otra debemos descartar como “país virtual”.

Se trata de una guerra discursiva en un sentido amplio. Una guerra en la que el lenguaje adquiere su sentido a partir de -y apunta a operar sobre- las capas no-linguísticas del sentido.

No se trata sólo de instalar el tema de la corrupción. Más radicalmente, la corrupción opera como tópico común en torno al cual proponer un lenguaje (unos gestos, unos modos de reconocimiento) para un público que día a día defiende su derecho no ya a ciertos parámetros de consumo, sino también (y sobre todo) a una tonalidad emotiva (cínica) legítimamente adquirida en las arenas ultra-competitivas de la calle y los mercados.

Cinismo y moralismo

Ese público (que domingo tras domingo deviene público-espectador) no se organiza políticamente según las teorías liberales de los partidos políticos, ni según las teorías populistas de la militancia.

Se trata de un público neoliberal, en el sentido no peyarativo del término. Su forma política tendencial es la “sociedad civil”; es decir, un conjunto de reglas y hábitos a partir de las cuales se negocian horizontalmente las diferencias; una racionalidad de emprendedores a la cual el gobierno debiera satisfacer.

Su expresión política electoral es débil y oscilante, porque opera por identificaciones fugaces. Su horizonte es la constitución de una forma estado capaz de seguir, liberal, los humores de la hoy irritada sociedad civil, que rechaza la gestualidad pública del oficialismo.
La corrupción es -siempre lo fue- el gran tema de Lanata. El punto de entrecruzamiento entre los umbrales de percepción (lo que se ve, lo que se dice) y los umbrales morales (lo que se debe hacer, lo que no se debe); cinismo y moralismo como revestimiento de una enunciación belicosa, eficaz a la hora de conquistar el control –y el lenguaje- de las redes sociales.      

Un enfrentamiento de regímenes de signos (ejercicio de pragmática)

El mundo-Lanata y el mundo-de-la-militancia (Unidos y organizados), constituyen constelaciones semióticas propias diferenciadas, hoy enfrentadas. Asistimos a un choque estratégico de regímenes de signos. El kirchnerismo emplea unos signos y el lanatismo otros. Podemos aprovecharlos para hacer ejercicios de pragmática: ¿qué pone en juego, qué enuncia cada uno, qué fuerzas agencian?

Lanata organiza un público-clientela-consumidor-espectador de show político, y Cristina unifica y organiza, como un vértice mítico-institucional a una militancia, social y política, joven y no tanto, orgánica y no sólo.

Contra la creencia emanada de las aulas de la carrera de comunicación de la UBA, analizar regímenes de signos no es acotarse al plano idealista de la lingüística, siempre abstracta, pero nunca lo suficiente como para captar el funcionamiento efectivo de los hechos.

Al suponer que la atención a los discursos subestima el campo material-contextual de la realidad histórica reducen (los licenciados de la comunicación) por su cuenta el discurso a lo lingüístico (como termina haciendo la politología de Ernesto Laclau).

Pero las cosas no se dan así. La realidad más real, esa que determina incluso al lenguaje, se da dentro del discurso mismo. Cuando tratamos de analizar lo real-político no podemos menos que tratar su materia prima: los signos. 

Los signos, que remiten a fuerzas, que refieren a cuerpos

Todo régimen de signos remite a una política (o maquínica) de los cuerpos. Para el caso del lanatismo (PPT) se trata de dotar de una gestualidad y de lenguaje posible a cuerpos que practican un ideal movilidad, un cierto sentido común del tipo de “idioma compartido” para el animal urbano cualquiera.

Se trata de una afectividad, una lengua y unos códigos que se reconocen en la ciudad y que organizan la conversación. Quizás coagulen de vez en cuando en escenas caceroleras, pero la cosa va más allá.

Incluso cuando no coagule, opera como trasfondo de un estilo compartido, una cierta opinología de conversa o de red social destinada a contra-restar afectividad de kirchnerismo, y a su retórica percibida como contundente y con respuestas para todo.

Un ademán y una palabra para la hegemonía progresista

Y es que PPT logró la proeza da dotar de ademán y palabra, posición y afectividad común a una constelación anti-kirchnerismo nada cómoda con el mote de “gorila”: un mundo de gente que deseaba oponerse a un kirchnerismo considero como demasiado extremo, sin sentirse “de derecha”.

La enunciación (y el tono) de PPT viene a satisfacer la necesidad de un posicionamiento tal. Hacía falta poder decir, acorde a la aplastante hegemonía progresista de estos tiempos: “somos una mayoritaria progresista y antikirchnerista; dado que el kirchnerismo malversa al progresismo con todo su aparataje de soldados-militantes tan obedientes como dispuestos al enfrentamiento”.

Ahora bien, todo lo que Lanata produce como mundo de sentido, carece una de traducción electoral. Tal vez su interpelación anticipe una dispersa mayoría electoral, no lo sabemos. Lo que es seguro sí es que incluso si se constatara una amplia influencia del lenguaje de PPT en el plano político, esta no se traduciría en una fuerza política militante comparable con Unidos y organizados (UyO).

La crítica y el mundo de los enunciados: UyO

Nada se esconde en el mundo de los enunciados. La crítica no devela sus secretos sino que expone las reglas de su constitución. “Unidos y organizados” (UyO) y “Periodismo Para Todos” (PPT) son más que consignas.

UyO es un enunciado proveniente del mundo de las técnicas organizativas y refiere de modo directo a la idea de que hace falta una cierta disciplina, una claridad común de conciencia, un determinado compromiso y sobre todo una capacidad de movilización, si lo que se quiere es que lo que se empezó a transformar post crisis siga su curso.

UyO constituye una máquina capaz de controlar, dentro de lo posible, oscuras oficinas de un estado difícil de hacer funcionar; capaz de gobernar las capas siempre rebeldes de los peronismos que no obedecen a la presidenta; capaz de montar escenarios sociales que anticipan y viabilizan intervenciones provenientes de la voluntad presidencial; capaz de enfrentar al poder que, según entienden, no está en las instituciones democráticas sino en las corporaciones a las que se trata de enfrentar según una gradual y cuidada estrategia.

UyO quiere nombrar, sobre todo, una transformación incorporal de los cuerpos que se entregan a la militancia. El kirchnerismo no es una impostura ni una ilusión sino un juego de desterritorialización y reterritorialización de los cuerpos llamados militantes, movilizados primero encuadrados a partir de una nueva concepción que combina hábilmente retazos de mitologizacion y tecnologías de organización política.

Por supuesto, este movimiento de las militancias resulta inseparable de una sociedad en movimiento (desde el 2001 por lo menos), y de una preocupación centrada en dar gobernabilidad. Desde el derecho al matrimonio homosexual al reconocimiento de la organización Milagros Salas en Jujuy, pasando por los nuevos sindicatos y agrupaciones estudiantiles, el movimiento se traduce en organización, y la organización en capacidad de gobierno. Dicho proceso supone tanto una modificación de las diversas situaciones como una fijación de esos movimientos en torno a unos ejes simbólicos y modos de ser a veces muy tradicionales.

El mundo PPT

Volvamos al régimen de signos de PPT, a su relación con el mundo de los hábitos. Sucede allí una también lo que cierto lenguaje filosófico llamaría una “desterritorialización relativa”, ligada a cierta vitalidad del mercado y a la movilidad individual (expresada en las redes sociales) a la que viene aparejada. Esta desterritorialización relativa va acompañada por una “reterritorialización” muy fuerte en torno a los paradigmas del consumo, al valor de la moneda y el poder de la pantalla televisiva (y a las tramas empresariales que la organizan).

PPT no sería posible en época de escases: le habla a sujetos orgullosos de su capacidad de circulación/confort (al flujo de las redes económicas y comunicativas). El valor de esta movilidad, vinculado al imaginario del viaje (turístico/de estudios/profesional), a la libre disposición de la propiedad acumulada y a la libre apropiación (y usufructuo) de la moneda.

Pero PPT le habla también a subjetividades flexibles (y flexibilizadas) en relación con el trabajo, los vínculos familiares y en general a subjetividades post-disciplinarias que no reverencias viejas formas de autoridad. Junto a estos elementos de circulación y flexibilidad encontramos también un valor-velocidad (subjetividadzapping, oportunista, de calle y de red).

¿Existe un potencial de efectividad política, además de comunicacional, en este régimen de signos? El cacerolazo es un tipo de organización política que liga muy bien con estos modos relativamente desterritorializados de los centros urbanos (en oposición por ejemplo, al piquete como forma muy territorializada). Necesitamos entender, darle una lectura más adecuada a estas disposiciones corporales concretas heredadas del neoliberalismo, formas de desterritorialización relativa específicamente capitalistas: libre cambio de moneda, libre intercambio, autoempresarialidad.  Es un fenómeno de movilidad sí, pero relativa, en la medida en que reconduce toda actividad, todo movimiento a la forma mercancía, a la forma valor.

Por su cuenta el kirchnerismo también supone un juego de desterritorialización relativa, que se beneficiada de la alta desterritorialización previa (de cuerpos, asambleas, piquetes, derivas caceroleras urbanas, toma de fábricas, cartoneo; de enunciados: “sin patrón”, “que se vayan todos”, “dignidad”) efectuada por los movimientos sociales a partir de la crisis del 2001; y que opera un proceso posterior de ampliación del consumo, es decir, del desarrollo de diferentes axiomas a partir de los cuales ampliar el movimiento mercantil ligado a una reterritorialización a partir de nuevos accionas en el aparato del estado y en cierto uso de la memoria histórica.

En el kirchnerismo se reterritorilaza el movimiento social en los territorios, la juventud en la memoria histórica, y los flujos de mercado en gestión política.

PPT y UyO son enunciados límpidos, que no agotan el paisaje mediático, pero que nos permiten desplazar nuestra atención a los titulares políticos a la batalla por la percepción que se realiza hoy día, sobre todo a partir de los medios. Queda mucho por penar en esa dirección. Lo que quisimos mostrar es que para avanzar en esta línea poseen valor práctico conceptos como régimen de signos, y desterritorialización relativa. No como categorías, sino como imágenes plásticas. No como buenos alumnos, sino como función analítica de nuestro presente.
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