Homini Lupus Homini

por Lobo Suelto!



El territorio tiembla, el sentido de la eternidad afloja, el tiempo se recubre de un vertiginoso efecto de “ahora”. Así vive el hombre: en pleno desmonte. Entre neblinas, los viejos lobos recuerdan ese tiempo muy otro, el Tiempo-Ahora. Vale la imagen dialéctica para ajustar las tuercas a esta estafa llamada presente.

De las variaciones de la tierra sólo esperamos una cosa: que arrase con el hombre. Temblor y terror. Lo saben los más agudos entre nuestros enemigos (pastores de la humanidad): en la lucha contra el papado –¡hay, el tiempo no pasa, sólo se argentiniza!– un hombre lúcido, Thomas Hobbes, aprendió a descifrar en lo profundo de la naturaleza humana. El hombre fuera del Estado, dijo, de su influencia pedagógica y terrorista, es lobo (Lupo Líbero): Homini Lupus Homini. Fiera íntima que anida en la sexualidad no contenida de la mujer y del varón.

La esencia del humano es el miedo al dolor, es decir, la voluntad (eso es lo que nos separa y repugna). Luchar contra fuerzas vencedoras, dice el más original impulso lobuno; lo demás sería fútil pérdida de agresividad. Nuestra batalla carece de doctrinas: sólo nos orientan las líneas del desmonte, es decir, la guerra a la voluntad humana en todas sus formas y bajo todas sus máscaras.

Nuestros enemigos, entonces: en primer lugar, la voluntad divina. Luego, el murmullo feliz del populismo, epítome de los voluntarismos redentores. Finalmente, los más pillos bandidos de lo “post” (post hegemonía, post soberanía, post colonial): post-voluntad. Voluntad que creer, en vano, incluso cínicamente, estar de vuelta de sí.

Todo aquello que posee aspecto de filosofía merece ser invertido. Como esa escena patética del pensador aturdido por la civilización a la búsqueda de un “claro en el bosque”. Lo nuestro son los Materroles urbanos.

Allí donde se permanece mansito y gozoso, peligroso no insurrecto (mañana, quién sabe!). El círculo vicioso del nacional esencialismo persiste. ¡No nos van a agarrar! ¡No nos van a atrapar!

¡Oh Hobbes, nuestro primer poeta! El odio lo estremecía y su prodigiosa razón lo inmortalizó. Él es el hombre: en su palabra temerosa nos reconocemos. Somos refutación pura (¿la realidad es la única verdad?). Somos palabra santa desde que las profecías sucumbieron (¿comunidad organizada?). El de lo profético ocurrió hace poco: el año 2000 nos encontró agusanados. Homini Lupus Homini no es combate ni deseo de poder, sino goce y fuga.

“Vos llevás una opinión que va muy bien con tu tristeza” (y con las pilchas). Da seguridad, sosiega. Se llama Realidad. Se llama Simbólico. ¡La doxa se ha politizado! ¡El elenco! ¡El elenco! Opinemos todos y todas que las convicciones se han vuelto mercado: dan buena renta, identidad y hasta conjuran malestares.

¡Corre, Lupus corre! La libertad muestra sus dientes a la luz de la luna. Pero la realidad ya no va (no nos van a joder de nuevo con la verba de los verbosos: alka-rajo). Busquen, nomás, la coherencia enferma, el sinsentido en los argumentos: poco cabe en las estructuras del hábito. La deserción dibujada sobre nuestra fealdad (héroe de nuestra vergüenza). En nuestro desclase: pura pragmática; en nuestro subdesarrollo: pura reacción muscular. Imbatibles a fuerza de astucia y urbanidad obligada. La sublevación estereotipada del indio perezoso: Lupus es el afuera en el centro del adentro.

Con muy poco se puede hacer estallar la Historia.

Arte sutil de la incomunicación. Escritura acribillada para fugar de la literatura. Sólo el Maestro Lupus, gran escritor, alcanza el orgullo de no tener nada que decir. Lo demás es defender la propia causa bajo el disfraz del altruismo, de lo colectivo, de la Voluntad. Banderas pedorras (¿Banda de orgas en pedo? ¿pedo-gorras?).
                                            
Del goce al disfrute Lupus te la embute

Si se aguza el oído, desde el fondo del bosque envenenado se escucha el  ritornello: ¡pensamiento liberal que vergüenza que me das! / pensamiento nacional la vergüenza federal! Murmullo mudo, solitario, absoluto: aprendizaje de una retórica natural, oficio de obras falsas que propicia  encuentros silvestres.

No: lengua de la multitud en su descomposición (y recomposición). En la ambivalencia tensada, y sólo en ella, esperamos alcanzar la alta definición, la que sirve.  ¡Nuestra voz será falsa o no será!

Llevamos en nuestros oídos la más maravillosa música que es, para nosotros, la de la intolerancia y el tropezón con los que la viven de otro modo (¡no todos, of course!).

¡Sólo la mentira nos hará libres!

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