Reproducir Afganistán en Mali

por Fernando Díaz Alpuente  
El pasado día 12 de Enero de 2013 fuerzas militares de la República Francesa atacaron desde las bases de Chad, por tierra y por aire, a las fuerzas rebeldes de Azawad. Hace casi un año, se lo contábamos aquí, tropas tuareg y de dos grupos islámicos de la zona habían iniciado un ataque desde la frontera con Libia que había llegado a expulsar al ejército de Mali de la parte norte del país. Finalmente, el 6 de abril, se declaró la independencia de Azawad, no reconocida por ningún organismo internacional ni ningún otro Estado.

Desde entonces la población malí ha sobrevivido como ha podido a la inseguridad alimentaria, a la inexistencia de una Administración pública descabezada por un Golpe de Estado militar y a la espera de que los actores internacionales decidieran intervenir de una manera u otra. La manera escogida ha sido la de una intervención militar unilateral, retrotrayéndonos a los momentos más estelares de 2001. Hemos escuchado a François Hollande –la última esperanza blanca europea para el Estado de Bienestar- decir que Francia permanecerá –intervendrá- Mali hasta que las tropas islamistas hayan sido derrotadas. Y hemos escuchado a David Cameron –la esperanza y ejemplo de la Europa liberal- afirmando que está en peligro “nuestro modo de vida”. El terrorismo ha vuelto a constituirse como el leitmotiv oficial de la política exterior de los estados occidentales. George Bush Jr., te esperamos impacientes.
Cuando en 2012 se escenificó la inoperancia del gobierno militar malí para hacer frente al reto secesionista de Azawad las reservas –económicas y militares- de los países de la OTAN estaban bajo mínimos tras la intervención de Libia –origen de estas tempestades. Todas las miradas apuntaban a una intervención delegada realizada a través de los países que forman la CEDEAO (ECOWAS). Una intervención africana para un conflicto africano. El problema es que los más de diez años de programa de formación y cooperación militar de los países de la Unión Europea y EEUU con los países del Sahel no habían terminado de dar frutos. Se necesitaba una formación más adecuada y, por tanto, tiempo para llevarla a cabo. Naciones Unidas, en un informe de hace pocos meses, ya hablaba de una posible fecha de intervención conjunta africana: Septiembre de 2013.
Sin embargo a comienzos de Enero de este año los movimientos islamistas realizaron movimientos de acercamiento a Konna, desde donde la llegada a Bamako, la capital, era franca. Esto precipitó la decisión francesa que ha provocado la creación de un Afganistán a poco más de 6.000 km de París –y 4.900 de Madrid. Porque esto, la creación de un problema militar de difícil solución y el enquistamiento de la situación en la región, está fuera de toda duda.
Si alguien piensa que las tropas islamistas no van a llamar a la acción internacional de sus bases, igual que se realizó en Afganistán o en otros tantos lugares, no conoce la voluntad de Al-Qaeda por invertir esfuerzos en el frente de África del Norte. La expulsión de estas fuerzas sólo puede suponer su instalación, y consecuente desestabilización, de otro país. Puede que los países occidentales no estén en guerra contra el Islam, pero a fe que lo parece. Se han pasado diez años secuestrando, torturando, asesinando, bombardeando, invadiendo y ocupando países de mayoría musulmana (Afganistán, Iraq, Libia, Pakistán, Somalia). Más leña al fuego que se encargan de avivar constantemente las fuerzas islamistas.
Cuando nos centramos en los porqués de la intervención francesa es muy tentador fijarse en sus intereses económicos en la región. Francia interviene porque es la que más tiene que perder con la pérdida de Mali. Sus empresas tienen los contratos más jugosos de extracción de uranio. Pero además no se puede olvidar que París tiene el gatillo fácil. En nombre de la razón, la protección de nuestro modo de vida o de la democracia global, Francia ha intervenido en África tanto como ha querido desde el final de la Guerra Fría. Estos antecedentes de defensa de sus intereses económicos –o de sus empresas- en el continente conforman una explicación completamente coherente. China ya les está haciendo mucho daño con su guerra comercial –y silenciosa- en África Subsahariana. Demasiado como para perder piezas por el camino. El intervencionismo francés es común a las diferentes fuerzas de gobierno, traspasa colores, genera intereses económicos en las empresas cercanas al Eliseo e intereses militares entre los altos mandos del ejército de la República.
El Reino Unido o Estados Unidos no van a dejar sola a París. A pesar de los gritos desesperados de algunos políticosfranceses que antes se denominaban pacifistas y contrarios a la intervención, el resto de países de la Unión Europea a duras pena tiene suficiente con aguantar la crisis económica y los continuos ataques al Euro. Londres, a través del apoyo logístico aéreo, y sobre todo Washington también están jugando sus cartas. Obama ha firmado un pacto de última hora con Níger para poder operar desde este país con los famosos drones. Si yo fuera líder de Boko Haram iría dándome por aludido.
Tendremos por tanto una intervención francesa que poco a poco se irá retirando –nunca del todo, pues es un territorio demasiado extenso- a favor de una posible fuerza de ocupación africana –se habla de tropas de Burkina y, en especial de Nigeria- que necesitará tiempo para terminar de formarse y hacerse con el control operativo de las instrucciones dictadas por el Eliseo. Y alrededor de esta intervención terrestre, una operación más quirúrgica de asesinato selectivo organizada por el Pentágono a través de las operaciones no tripuladas.
La intervención iniciada por Hollande complica la solución del puzle de Mali al internacionalizar el conflicto en sí mismo. Frente a una posible solución negociada y arraigada en el control que sobre el territorio tienen las fuerzas tuareg –que podrían haberse transformado en aliadas de Bamako a través de mecanismos de reconstrucción del Estado malí y de la ingeniería constitucional desde la base- París ha impuesto la visión guerra contra el terror, un escenario donde los movimientos islamistas se mueven mejor que nadie y donde consiguen más ventajas al mantener el fuego de su lucha encendido. A partir de ahora todo lo que haga Francia, la Unión Europea o las propias Naciones Unidas será interpretado por los movimientos islamistas como una afrenta más al Islam o una derrota de los valores occidentales, sirviendo la intervención de Francia como amplificador del discurso y, por tanto, escondiendo el resto de sus complejidades.
La ruta de la democracia interna, que permitiera a los malienses controlar sus recursos minerales y económicos, no se contempla. Ellos son sólo víctimas de los movimientos de estos dos actores globales.
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