El spot más largo del mundo

por Martín Zariello
Antes de que empiece la película sobre Kirchner, el espectador recibe la información de que el Estado, a través del INCAA, promociona Amor a mares, una comedia en la que Luciano Castro hace de escritor deprimido. Hay un crucero, chistes sobre cornudos y Miguel Ángel Rodríguez. Néstor Kirchner, la película, por su parte, avanza entre la sacralización improductiva de los 70' (que no resiste siquiera la mirada del kirchnerismo) y el estilo lava-cerebros de los spots de Argentina. Un país con buena gente. En el medio se filtra algo así como una biografía sobre Kirchner. Si El Dueño, el lamentable "libro" de Majul, se dedicaba a describir objetivamente las hemorroides de Néstor para regocijo del vigilante medio argento, en la película de Paula de Luque Kirchner directamente no tiene culo, no se manda ninguna cagada. Es significativo que un movimiento que se cansó de apelar al concepto de realpolitik para desacreditar la opinión de los tibios, banque una mirada sobre la vida de Kirchner propia de Disney. ¿O en qué otro tipo de productos se inspiró la directora al cranear ese final en el que los protagonistas de la película ven caer del cielo una insólita lluvia que mezcla copos de nieve y estrellas? Defender el kirchnerismo desde la pureza ética y moral, a lo Víctor Hugo, definitivamente es no haber entendido el kirchnerismo. O hacerse el boludo. O serlo.
Según se lee en los agradecimientos, fueron 12.000 las personas que aportaron documentos audiovisuales y testimonios para llevar a cabo la película. Sin embargo, fuera de algunas cintas caseras (de las que ya se conocía buena parte), no hay ninguna novedad. Se trata de un video clip con abundante material de noticieros. Y de ingredientes anecdóticos que no le cambian el gusto a la ensalada: a Néstor le decían “Lupín” por una historieta, Néstor le compró sus primeros zapatos con tacos a Alicia, Néstor le rompía las bolas a Máximo cuando jugaba a los soldaditos (y eso entraña un mensaje revelador). La imagen de Néstor haciendo pogo con el pueblo y sin paniquear ante las adversidades son las características más efectivas de un personaje muy complejo. Claro que no hacía falta una película para subrayar lo que todos conocíamos. Otro aspecto reprochable es que no aparezca el nombre de quienes ofrecen su testimonio, ni siquiera cuando se escuchan voces en off. ¿La voz del pueblo no tiene nombre? ¿Al lado de la voz de Él nadie merece ser mencionado? Misterio. En varias reseñas se observa que la intervención de Máximo Kirchner está totalmente alejada del drogadicto/malvado/retardado que intenta canonizar Lanata. Ése sería el punto fuerte de la película. Bueno, es mérito de Máximo, no de la película.
Acá Kirchner es todopoderoso, como Dios. Es omnisciente, como un narrador realista del siglo XIX. Es bueno, como el abuelito de Heidi. Le da trabajo a mi mamá, un violín a tu hijo, un sentido a la vida, convierte los glaciares en helado de limón. ¿Quienes le pasaban el teléfono de las personas beneficiadas por su toque divino son trabajadores del Ministerio de Desarrollo Social o enviados del Señor? El relato K ubicó el proyecto colectivo del setentismo por encima de la exaltación individual de los 90'. Del "No voy en tren" a "Bienvenidos al tren". Del Yo al Nosotros. Del depto de un ambiente al Cosmos. De American Psycho a América Unida. Todas ideas hermosas que la película, por supuesto, destruye, al reivindicar ciegamente el prototipo del Salvador, del Superhéroe, del Caudillo, del Macho Alfa. Entonces no hace falta militar, no hace falta interesarse por lo que pasa, Dios está de nuestro lado, boludo, y nos resuelve los problemas desde el cielo de los próceres.
A poco de comenzar la película, Emilio Del Guercio intenta plantear un paralelismo entre los primeros años del rock argentino y el contexto de la primavera camporista. La idea es forzada: no es el caso del bajista de Almendra, pero el rock argentino siempre fue ajeno a la militancia y la militancia siempre despreció el rock. Sin ir más lejos, todos saben que Spinetta fue echado de la JAEN (Juventudes Argentinas por la Emancipación Nacional) por fumar porro. Nosotros, mayormente, somos gente crecida bajo el influjo de una lírica rockera que hizo épica del consumo. Y la merca ni siquiera era nuestra. Barras bravas del reviente ajeno que pasaron horas decodificando versos del Indio hasta comprobar que sí, otra vez, estaba hablando de cocaína. Creímos que las metáforas producidas por ese polvo que viajaba a toda velocidad por las fosas nasales de Charly tenían algo que ver con nuestras vidas periféricas y rutinarias. Con esos antecedentes y por un instinto de supervivencia, porque suponemos que se está mejor acompañado que solo, no sorprende que hayamos interpretado linealmente que un ex gobernador de la Patagonia acabó con el letargo apolítico de los 90'. De un saque. El problema tal vez sea que uno está acostumbrado a recibir los mitos envueltos en un paquete. Ver cómo se los construye en vivo y en directo impresiona un poco.
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