El porvenir de Europa se juega, en este momento, en Grecia



por Étienne Balibar, Michael Löwry, Eleni Varikas



La situación actual de Grecia no tiene precedentes desde el final de la ocupación alemana en 1944: reducción brutal de los salarios y de las pensiones; paro juvenil del 50%; empresas, pequeños comercios, periódicos, empresas editoras en quiebra; miles de mendigos y vagabundos por las calles; impuestos extravagantes y arbitrarios junto a más recortes en los salarios y las pensiones. Privatizaciones en serie, naufragio de los servicios públicos (sanidad, educación) y de la seguridad social. Los suicidios se multiplican. Se podría continuar la lista de desastres producidos por el Memorándum [de acuerdo con la UE para el rescate].



En cambio, a los banqueros, los fabricantes de armas y la Iglesia (el terrateniente más importante), no se les impone nada. Se ha decretado la reducción de todos los presupuestos sociales, pero no se toca el gigantesco presupuesto de ‘defensa’: se obliga a Grecia a continuar adquiriendo un material militar por valor de miles de millones de euros, exportado por los países europeos que son –pura coincidencia– quienes exigen el pago de la deuda: Alemania y Francia.
Grecia se ha convertido en un laboratorio para Europa. Se prueban en cobayas humanas métodos que serán inmediatamente después aplicados a Portugal, España, Irlanda, Italia, y así sucesivamente. Los responsables de este experimento, la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y sus socios en los gobiernos griegos, no se inquietan, pues ¿quién ha visto alguna vez a conejillos de Indias o ratones de laboratorio protestar contra un experimento científico? ¡Milagro! ¡Las cobayas humanas se rebelan! A pesar de la represión feroz ejercida por una policía ampliamente infiltrada por neonazis reclutados en los últimos años, las huelgas generales, las ocupaciones de plazas, las manifestaciones y las protestas no se han detenido durante un año. E incluso –el colmo de la insolencia– los griegos acaban de votar contra la continuación de este ‘experimento’, reduciendo a la mitad los resultados electorales de los partidos en el gobierno (la derecha y el centro-izquierda que, en contra de su programa, ha firmado el Memorándum), multiplicando por cuatro el apoyo a Syriza (coalición de izquierda radical).
No hace falta pertenecer a la izquierda radical para ver que los remedios neoliberales de la Troika son catastróficos: Paul Krugman, premio Nóbel de economía, no deja de decirlo: ¿cómo se van a ‘sanear’ las finanzas de Grecia si se pone al país de rodillas, haciéndolo entrar en recesión, lo cual, evidentemente, no hace más que reducir los ingresos y desequilibrar el presupuesto? ¿A quién sirven los ‘generosos’ préstamos de Europa y el FMI? Para pagar la deuda a los bancos… se produce nuevo endeudamiento. Los ‘expertos’ de la Troika tienen el capitalismo por religión (Walter Benjamin, 1921): una religión cuyas divinidades –los mercados financieros que toman decisiones imprevisibles, arbitrarias e irracionales– exigen sacrificios (humanos).
Haciendo de la arbitrariedad, el secretismo y el miedo un verdadero modo de gobierno, tal política de sometimiento brutal de un pueblo no puede provocar sino reacciones de furia, aflicción, cólera. Una parte de esa cólera fue canalizada por una siniestra fuerza racista, antisemita y xenófoba, el grupo neonazi Alba Dorada. Pero los indignados, en su gran mayoría, han dado su apoyo, por vez primera desde 1958, a la izquierda radical. Esta izquierda es profundamente europea. No tiene intención de salir del euro, aunque rechaza categóricamente el Memorándum impuesto por la Troika y aceptado por los gobiernos griegos que se han sucedido en los últimos años: el Pasok,  la Nueva Democracia y el de ‘unidad nacional’ con la extrema derecha. La izquierda radical propone alternativas concretas, realistas e inmediatamente aplicables: una moratoria sobre la deuda, seguida de una auditoría internacional que verifique su legitimidad; poner los bancos bajo control social; la supresión de las medidas antisociales tomadas por los gobiernos firmantes del Memorándum. Apoyada por un amplio espectro de la izquierda democrática, movimientos sociales, indignados, trabajadores en lucha, redes de defensa de los inmigrantes, grupos feministas, queer, ecologistas… la izquierda radical se ha convertido en la segunda fuerza política del país. “Como no sabían que era imposible, lo han hecho”, diría Mark Twain.
Una segunda votación tendrá lugar en junio. Ciertos sondeos dan a la izquierda radical por primera fuerza política del país. Para nosotros, está claro que el porvenir de Europa se juega en Grecia. Los portavoces del capital financiero, José Manuel Barroso o Wolfgang Schäuble, lo han comprendido, de tal forma que amenazan a los griegos con todo tipo de represalias si osan no votar a los candidatos avalados por los bancos y el FMI. El nuevo gobierno francés, que se parapeta tras un silencio prudente, debería afirmar alto y fuerte que respetará las decisiones del pueblo griego, que rechazará toda propuesta de excluir a Grecia de Europa o de la zona euro.
Es urgente apoyar a la izquierda radical griega, y el impulso democrático, antifascista y unitario que la moviliza. Ella está, en este momento, en primera línea del combate por hacer salir a Grecia, y por añadidura a Europa, de la pesadilla de la austeridad neoliberal.
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