¡Me hinché las pelotas!

Por Damián Milia


El hombre es un animal que produce dinero, y agrego: y que en esto pretende ser inocente. Se nos dice una y otra vez, no solamente las obligaciones, sino por sobre todo, los derechos. Ahora, ¿cuáles son esos derechos?, ¿son realmente derechos? 

Si se realizaran efectivamente, la sociedad como hoy la conocemos, se vendría abajo. No es ninguna novedad que vivimos en el mundo de las imágenes. Pero, ¿qué queremos, qué sentimos, qué hacemos? Alguien decía que en nuestras sociedades todo es público, pero al mismo tiempo, todo es inconfesable. Desde el punto de vista de la moral, es decir, desde las expectativas en que nos miramos y miramos a los otros, el mundo es profundamente inmoral; y desde el punto de vista de una ética, somos profundamente morales. ¿Qué es, si no, mandar a alguien a la cárcel? O menos dramáticamente, ¿qué es, sino trabajar? 


Pero el asunto no es tan fácil. Las imágenes no son cosas que existan por fuera de nosotros. Somos en virtud de ellas. Y entonces pedimos. Lo importante es que pedimos. Seré un buen siervo si me tratan buenamente. A la orden del día tenemos los derechos humanos. Serás un buen siervo.

Y en este mundo intensamente moral, en la dictadura nadie estuvo. Los que quedaron, o no sabían, o lucharon, o se exiliaron. Ahora, ¿es posible que el Estado funcione abrumadoramente en una sociedad sin su profunda complicidad? En el ámbito de la conciencia todos tenemos intenciones hermosas. Pero la realidad pasa por otro lado. Del terrorismo de estado se habla de todo, pero no se dice nada. Y es evidente en un punto: cada vez que se toca el tema, una especie de duelo eterno invade a los presentes. Llenamos plazas, llenamos los diarios, llenamos la televisión, llenamos libros… y todavía velamos. Una verdadera cultura del botín. Queremos un país capitalista en serio. 

Y también nos indignamos, nosotros, los hacedores del bien común y del amor al prójimo cuando escuchamos a Videla hablar en nombre de muchos. Y no solamente de militares. Y ahí la cosa se vuelve, incluso, más interesante. El fascismo quedó atrás, dicen. Ahora, ¿se puede pensar verdaderamente que el fascismo tiene solo la forma de la aniquilación física? Ésa es su forma terminal. Pero los conceptos no son dados de una vez y para siempre. Se modifican al mismo tiempo que se modifica la historia. 

Hoy hay otra represión más sutil que exudamos por los poros. Cualquiera lo sabe. Sí, nosotros, las almas bellas, que para dormir tranquilos fabricamos representantes del Bien, pero también del Mal. Y si sospechamos que adentro algo no anda bien, la psicofarmacología es nuestra aliada. Habría que hacer un paralelo entre las formas de producción, los modos de vida y las enfermedades actuales. Producimos enfermos económicamente útiles. Después, los hay en distintos grados y, para cada uno, una función. Nadie queda afuera. Que sea claro. Todavía hoy seguimos diciendo: ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga mi dieta, y así sucesivamente,no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi lugar en tan fastidiosa tarea.
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