Entrevista a Miguel Benasayag


“Los fusilados de Trelew producen vida”
El filósofo y psicoanalista francoargentino y antiguo militante del PRT-ERP,  Miguel Benasayag, ofrece su mirada sobre el pasado y el presente, a 39 años de la masacre que terminó con la vida de 16 jóvenes durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse.

¿Acaso no está corriendo la sangre de los 16 fusilados en Trelew?
Por las calles de Trelew y demás calles del país ¿No está corriendo ésta?
¿Hay algún sitio del país donde esa sangre no está corriendo ahora?
Juan Gelman


Paradojalmente, me gusta en especial que me preguntes sobre los fusilamientos en Trelew del 22 de agosto de 1972. Porque en toda mi vida, esa fecha fue un acontecimiento muy importante. Siempre me acuerdo del 22 de agosto, porque es cierto que hubo una ruptura, en el sentido de que  abiertamente todas las porquerías que la oligarquía argentina había hecho en la Patagonia, que había hecho en la Semana Trágica, que había hecho en los basurales, el 22 de agosto se produce una ruptura institucional. Creo que hubo un paso dado donde “no vamos a esconder más lo que hacemos”; era claro para todo el mundo, era una provocación, todo el mundo tenía que entender que por supuesto que Pujals no había tratado de arrebatarle la ametralladora a nadie y todo el mundo tenía que entender que de ahora en adelante era así, que la oligarquía argentina, los dueños de la tierra, del país, no iban a respetar ninguna ley. Porque hay que ver que, por ejemplo, la masacre de los indios y todo aquello, todavía había como una ideología podrida del progreso, pero una ideología; algo que pretendía legitimar lo que se estaba haciendo ¿no? Y acá, el 22 de agosto, no, acá hubo una acción que decía: aquí es la barbarie instalada y nosotros vamos a utilizar lo que venga para aplastarlos a ustedes. Pienso que a partir de ahí, bueno, como yo fui preso de la dictadura –caí antes–, yo lo que vi es una sucesión, una sucesión que no paró hasta los 30 mil desaparecidos.

–¿Considerás a los medios de comunicación a partir de ese tiempo como el brazo ejecutor de un discurso que encubre estas acciones para separar lo que pasa, lo que se quiere mostrar a la sociedad?
–Sí. Creo que a partir de ahí realmente  hay una guerra abierta que se instala. Creo, sinceramente, que ahora acá en este país –que es un país que sólo los argentinos ignoran, que es un país “faro”, porque toda Europa mira lo que está pasando en la Argentina con admiración–, te decía que creo, sin ningún tipo de fanatismo, de verdad, que hasta los Kirchner, que empezaron a hacer política en el sentido en que se hace política, o sea, dirigiendo un país que tiene contradicciones y no dirigiendo para un lado solamente, ¿no?, un país, hasta ellos, ahí se instaló una guerra donde los medios de comunicación no eran más medios de comunicación eran medios ideológicos y armas, instrumentos de lucha. Entonces, la oligarquía no solamente desinforma sino que va a transmitir ideología: arregla los hechos para construir el relato que prepara la masacre que va a venir a partir del 22 de agosto. Yo me acuerdo el coraje que tuvo Primera Plana: publicó las declaraciones de los sobrevivientes, lo publicó bajo Lanusse; bajo Lanusse publicó una declaración de René Haidar, uno de los tres sobrevivientes; y en ese aspecto es interesante ver cómo para el que quiere saber, se sabe; siempre hay una manera de saber. Entonces se observa que para los grandes medios de comunicación ideológicos, ellos entendieron una cosa muy importante: “La gente no quiere saber.” La gente lo que quiere es un relato que la mantenga en su pasividad. Y esa es la carta sucia, podrida, pero muy inteligente que los grandes medios de comunicación han utilizado y que ahora utilizan muchísimo más, por supuesto, en el mundo entero, que es el darse cuenta de que no hace falta “informar”, que lo que la mayor parte de la gente quiere es que le cuenten un relato que haga que la vida sea vivible y que su no compromiso aparezca como justificado.
–¿Y el destino del deseo adónde va a ir a dar a futuro? No sólo está el ocaso del deseo, ya vamos un paso más: se diluye…
–El humano sin deseo es el humano que es el hombre hoy, que sufre. Vos sabés, cuando el deseo –eje vital de lo humano–, es tan pero tan diluido, reprimido, reaparecer como sufrimiento –es lo que yo trabajo en Brasil, Italia–, reparece  como el nuevo sufrimiento psíquico contemporáneo.  Estos nuevos modos de sufrimiento, que es por donde ha pasado el deseo, donde el deseo se expresa en negativo; y,a la vez, hay toda una parte de la población que está en un deseo positivo, de construcción, de resistencia. Yo, la verdad, cada vez que vengo al país, creo que los argentinos ignoran la polenta que hay acá y la resistencia a la destrucción neoliberal, y que es una resistencia difusa también, no solamente centralizada o claramente política.
–Hecha de los corazones que nos seguimos recordando los 22 de agosto…
–Siendo absolutamente ateo, pienso que la muerte, sinceramente, no es el fin de la cosa. Yo pienso que cuando alguien muere y cuando se muere así, fusilado tan joven, es un horror. Pero uno, es una multiplicidad –es eso lo que yo trabajo inclusive hasta en neurofisiología–, y esa multiplicidad que uno constituye, continúa sin uno, o sea, que es como que parte de uno continúa a articularse con la vida, y creo absolutamente que los fusilados de Trelew están produciendo vida en este país, y ellos siguen produciendo vida. Por eso, te decía que los 22 de agosto siempre me las arreglé para crear colectivos en Francia, los conmemoré solo o con gente, todos los 22 de agosto, pero con una cierta alegría, me gusta recordarlos con la alegría con la cual vivieron, combatieron, y no con el lado victimario. 
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