¿Qué es la fiesta hoy? (III)

La fiesta de todos

I.
Por P.V.

La política es también fiesta y alegría. La comunidad se constituye a partir de las pasiones alegres. La fiesta es una forma de estar juntos, de amistad. El carnaval -forma popular de fiesta- es también alegre subversión y alteración del estado de cosas. La fiesta, entonces, puede ser acontecimiento, ruptura. En la sociedad del espectáculo esto se torna ineludible.

Sin embargo, ¿cualquier puesta en escena de globos de colores constituye una fiesta? ¿Existe la impostación o la adulteración de la fiesta? En todo caso, ¿habrá que continuar innovando, creando y alterando formas de fiesta y alegría otras que se desplacen y resistan su copamiento por parte de los apropiadores de fiestas ajenas? ¿Hasta dónde seremos capaces de desplegar la potencia de la fiesta o la fiesta-potencia, el poder-hacer fiesta?

Pero, si las fiestas no son de nadie, o todos constituimos la fiesta; y si algunos se arrogan el derecho de darnos la bienvenida, quizá lo que quieran es expulsarnos de su fiesta. ¿Podrán hacerlo? ¿Dejaremos que lo hagan?

II.


Por S.S

La fiesta está con dios y con el diablo. Es la de ellos, la de nosotros o la de todos. Es paganismo, feriado nacional o discoteca. Es la organizada con meses de antelación para el casamiento de la hija, la del sindicato cuando termina la huelga o la de los tres asaltantes que se toman en tres noches todo lo que ganaron en un día. ¿La fiesta es un dispositivo de poder? ¿Del asado para agradecer el voto? ¿Del clima triunfalista como marketing “contra la crispación”? ¿De la bebida que "aliena" y de perder de vista al enemigo en el ritual que diluye las diferencias? ¿Pensamos la fiesta como revolución en acto, como lo que hacemos cuando estamos bien y como el más allá de las formas burguesas? ¿Es lo que nos saca del tiempo del trabajo y de la ciudad ordenada? ¿Cuerpo sentido expresión y amor discontinuo? Ocurre en tiempos de paz, como fiesta de la victoria. Pero también como parte inseparable de la lucha o como la misma lucha. La fiesta es la dádiva para los eufóricos encolumnados con el conquistador que aplasta minorías. La fiesta decadente de los poderosos, o la que el poder limita, mandando la policía. Y la fiesta como tiempo futuro prometido de bienestar. La fiesta es también lo que nos queda de no modernos, no desencantados, no asimilados, no industrializados. Aunque no deja de ser el Estado cuando aparece como folclore, pasado, tradición encajonada. ¿No es acaso, a veces, la mentira, la inversión que presenta como cierto lo que nunca es, o lo que los otros interponen? Y la fiesta, una fiesta, es también redistribución, relación, comunidad y buen vivir. Es descolonización. Es el momento de los dioses y de los ciclos acabados que se renuevan. La fiesta es seducción y movimiento, se relaciona con la vida. Es el cosmos, la tierra y nuestros otros. También espacio del mercado, de la borrachera del poder que está lejos de la charla con mate en una tarde de sol. Es el banquete antropofágico, donde renovamos fuerzas y energía. Es de cúpulas, de pocos, de masas o de comunidades. La fiesta se acaba, pero puede recomenzar. Y es un lugar de encuentro que nos lleva a otro lugar.
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