F+T: Yes we can (un proyecto de clara orientación nacional y popular)




F+T: Yes we can
(un proyecto de clara orientación nacional y popular)

Por Rolando Birthz
(http://rolobirthz.blogspot.com/)


Apuntamos a captar el voto joven con un estilo aggiornado y descontracturado,
pero también recordamos que Buenos Aires era una ciudad con inquietudes
hasta que apareció la versión del ‘no se puede’ de Macri
FBM

“Yes we can”. “Yes we can” (¿F+T= Obama?) Sí, se puede. Sí, se puede. Voz amigable, de película argentina de los ’80 (que te puede recomendar tanto un Renault 12 o un televisor Hitachi como marcarte que los argentinos somos derechos y humanos). Inconfundible voz de porteño amigo. Progre. Producto nítido de “esta ciudad, nuestra Buenos Aires”. Gentes audaces y llenas de ideas. Que hacen posible lo imposible. Gente que proyecta sueños...


Hasta que llegó a “nuestra ciudad” el no se puede. ¿Qué no se puede? Construir más subtes: ordenar el tránsito: ocuparse de lo pobres (ellos que, en el fondo, ocupan “nuestra Buenos Aires”). ¡Qué escalafón, mamita! ¿Será que los audaces viajan en subte? ¿Será que los llenos de idea van en coche? ¿Será que les joden los pobres, tanto como les jode que no se hable de los pobres como un problema importante, entre otros, a resolver: un problema como la Educación, la Inseguridad, la Corrupción? En cualquier caso: no se puede. No se puede. No se puede.

¿Viste que se podía?: qué extraña y torpe aparece escrita esa frase en la pantalla con signos de interrogación en lugar de la esperable forma exclamativa, sutil alteración que vuelve absurdo el ya muuuuy básico contrapunto. La frase está dicha por una voz cada vez más afirmativa, que bordea lo épico. Pero el tono ameno y progre no dice nada novedoso: impugna las excusas y habla de trabajo; en realidad, alega “no paramos de multiplicar” la palabra “trabajo”, como si transparentara que su diferencial en términos políticos fuera la repetición y el machaque de ciertos enunciados: el hacer es decir que hago una y mil veces, hasta que todos queden convencidos y contentos y con ganas de decir ellos mismos “¡cómo hace, éste!”. Notable gramática de la acción política…

Por otra parte, y en términos visuales, ojo: el decir “no más excusas: trabajo” no significa tirar de un carrito o picar una pared o ningún remedo de aquella tan porteña imagen de “hombrear bolsas en el puerto”. No, no: “trabajo” significa, en este caso, vestir corbata y tacos altos: esa es la gente que hay que poner, gente que sepa hacer las cosas en ésta, “nuestra ciudad". Todo un estilo: de político, pero también de auditorio, de vecino, de auditorio, de votante.

Y no somos nuevos, no. Hace ocho años que gobernamos del mejor modo para estas gentes. Somos los que hicimos el recorrido del Fracaso (¿de cuál de los fracasos se hablará, exactamente?) al Futuro. Y a cada uno de los lados de la palabra “Futuro” quedan fundidos los rostros informalmente dibujados –aunque en plan gigantografía publicitaria, sobre el paisaje urbano– de Filmus y Tomada. De arriba, en una especie de batiseñal, alumbra Cristina, como una diosecita que los dota de poder y de votos; una diosecita pobre viuda, con cara sonriente de estampilla. Con cara de ícono popular: cara que podría ser la de Gardel o la del Diego, pero es la de Cristina.

Y, así, como quien dice “sólo la puntita”, piden cuatro añitos y prometen grandes cambios. Un hallazgo, ¿no?: explicitar una temporalidad. ¿Cómo no vamos a poder cambiar la ciudad en 4 años? Promesa de vértigo, de velocidad, de eficacia. Y claro que es posible creer, si la diosecita garantiza, además de votos, plata, mucha plata: plata nacional que traspasará los muros porteños, dispuesta a comprar todo lo que haga falta para ponerle buena onda a “nuestra ciudad” –en la que está claro que con bicisendas no alcanza… Al margen, curioso: los candidatos sugieren lo contrario del imaginario peronista-populista de la perpetuación en el poder: te pido sólo 4 años. Estaría buenísimo que fuera así, ¿no?

A los escépticos, entonces, decile Sí, se puede. Con Filmus + Tomada. Qué ahora están a punto de devenir remera (como le pasó al Che Guevara… Pero ¿quién se pondría una remera de Tomada? Bueh… ¿y de Filmush?).

Pero antes aparecen otra vez, los signos identitarios de “nuestra Buenos Aires”: el Obelisco (esta vez engalanado con los colores patrios) y el subte. El subte es, indudablemente, el símbolo de Buenos Aires: el spot lo privilegia como tema y lo aúna al Obelisco en las camisetas. El subte es, además, y en todos los casos, línea B (rojo): ni el Sur (E), ni el Norte palermitano (D), invoca al centro geográfico –Caballito, Belgrano, la línea del Lacroze, de Agronomía a Devoto– de ésta, “nuestra ciudad”, afianzando la intención de apuntar al medio-medio. El subte es, finalmente y en su última y remeril aparición, estación Carlos Gardel. Porque Buenos Aires –sea con Macri, con F+T o con Solanas— es, ante todo e irremediablemente, una ciudad global, una ciudad productora de signos. Una Ciudad Marca.

F+T, si de marcas hablamos (y lo propuso el mismo tipo que ideo la K como registrada de la primera década del argento siglo XXI). Con todo: ¿cumple el + la función de la cruz? Cruz roja (violeta, en rigor de la verdad), Filmus y Tomada como cruzados, en progre y santa batalla contra el ma(l)crismo. Sus rostros-remera advierten que llegaron “los que sí pueden”. Un “yes we can” fundido sobre una bien blanquita y pulcra imagen, el blanco de fondo sobre el que se inscriben, finalmente, los nombres y el slogan. Blanco bueno, en este caso lo opuesto queda flotando en forma de ausencia pero también de interrogante: ¿la ciudad deseable es blanca?

¿En qué medida hay aquí un diálogo, un contrapunto, con el tipo de diseño PRO? ¿En qué medida no es este spot un elemento más de una serie tan pero tan vieja que puede conducirnos hasta los tempranos años ‘90, más precisamente a la campaña presidencial de 1989? En aquel entonces, la consigna central de la campaña de Eduardo Angeloz era “se puede”. El peronismo, ya con Menem a la cabeza, le contestó con una canción al estilo canchero –de cancha– que decía: “se puede todo el día, se puede todo el año, parece que pidieran permiso para ir al baño”. El prolijo y progresista ¿viste que se podía? de F+T, con su música de fondo tan obvia como anodina (tono menor para “lo malo y el pasado”, tono mayor para “los buenos y el futuro”, nada de clave de candombe, nada de tambores de murga, nada de cancha), no deja de cargar en sus espaldas –y en la serie es imposible no colocar la derrota cercana de 2007, por más lavados de cara y apoyaturas nacionales que se ensayen– las resonancias y los fantasmas de aquel radicalismo ochentista en retirada.
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