Por qué no es conveniente ni imprescindible el contrato YPF-Chevron

Por Enrique Mario Martínez


La energía es una demanda socialmente necesaria, que en este momento cruza todas y cada una de las actividades de una comunidad. Todo lo que hacemos requiere energía de modo directo o indirecto y todo lo que imaginemos hacer a futuro sigue el mismo curso.

Por lo tanto, si un país no cuenta con producción propia de energía en todas o alguna de las formas necesarias, debe comprarla a otros países, a riesgo de frenar su desarrollo si no lo hace.

Estas ideas son simples y ya se han difundido en todo el cuerpo social, al menos en su dimensión más básica.

Estamos en la era de la hegemonía del petróleo – con el agregado posterior del gas – como principal fuente energética, que ya dura más de 100 años. Se ha pronosticado varias veces que el ritmo de extracción de este recurso no renovable superaría el descubrimiento de nuevas reservas por estos años. Estamos en un momento en que podríamos afirmar que eso sucede a la inversa: se han instalado en el escenario el petróleo y el gas no convencionales, que requieren fracturar las rocas en que están embebidos para poder liberarse y emerger a la superficie. El costo de esta operación es claramente mayor que el de los yacimientos convencionales, pero las reservas ya comprobadas y las imaginables amplían enormemente el horizonte del oro negro y del gas. Argentina pareciera estar entre los países con alta posibilidad de recuperar sus alicaídas reservas convencionales y ampliarlas en términos exponenciales.

Llegamos al umbral de esa etapa con un déficit de oferta local de energía, originado tanto en la mala conducta/política de algunas empresas concesionarias de yacimientos, como en la tremenda expansión de demanda asociada a un crecimiento económico sin antecedentes en 100 años.

Es en este ámbito que se firma un decreto especial de promoción de grandes inversores e inmediatamente un acuerdo YPF-Chevron.

¿Cuáles son entonces las razones posibles? Una o más de las siguientes:

1 – No contamos con suficiente capital para la asignatura pendiente.
2 – No contamos con adecuado manejo de la nueva tecnología de extracción.
3 – Alguna otra razón, más geopolítica que económica.


EL CAPITAL
El déficit energético actual comenzó en 2011, año en que las importaciones superaron a las exportaciones en 2900 Millones de dólares. En 2012 esa suma tuvo una ligera variación y en el corriente año hay datos suficientemente incompletos como para admitir un déficit algo mayor, pero las fuentes son poco precisas.

Lo concreto es que es necesario alcanzar el autoabastecimiento; que esa tarea se ha puesto 
en la mochila de YPF, aunque podría abarcar una batería mucho más diversa de acciones – ahorro de energía, energías renovables, energía a partir de residuos – y que YPF anunció a mediados de 2012 qué haría al respecto.

El plan anunciado prevé inversiones por 37.200 Millones de dólares en 5 años, con la siguiente financiación:

68% (25.300 MM) a partir del flujo de fondos y de las utilidades de la propia empresa.
20% (7.500 MM) en base a deuda tomada en el mercado nacional.
12% (4.400 MM) por socios estratégicos para la producción no convencional.

O sea que el 88% de los fondos necesarios YPF prevé obtenerlos en la Argentina. De toda la documentación institucional no surge indicio alguno que YPF no podría conseguir el 12% adicional en el país por otros mecanismos. Como un simple comentario, a título de ejemplo, si YPF emitiera acciones sin derecho a voto, con una tasa de retorno mínima garantizada con relación al valor de la acción original, actualizada por la paridad cambiaria, la cola de suscriptores podría ser enorme.

En consecuencia, las propias manifestaciones de la empresa en 2012 contradicen categóricamente las afirmaciones de divulgadores, economistas, periodistas y hasta el propio viceministro de Economía, sobre la imposibilidad argentina – más que de YPF – de aportar las inversiones necesarias.

No es problema de capital. Debe ser otra cosa.


LA TECNOLOGÍA

Se está incursionando, como ya se dijo, en una tecnología más compleja que la tradicional, que tiene presencia en el mundo hace algo más de una década y bien podría tener la Argentina problemas para implementarla.

Sin embargo, también según YPF, al momento ya se están extrayendo 10000 barriles/día de petróleo no convencional y también gas, que incluso de está cargando a la red de gasoductos. Por lo tanto, YPF tiene el conocimiento suficiente.

Aún así, si no tuviera los elementos técnicos para ampliar su gestión en este campo, podría contratar esa gestión, como sucede con tantas otras experticias, en lugar de asociar una empresa al 50% en la concesión.

No es problema de tecnología. Debe ser otra cosa.


LAS RAZONES GEOPOLÍTICAS

Se ha insinuado que podría tratarse pagar algún precio económico menor en esta transacción, a cambio del posible apoyo a conseguir por Estados Unidos en un frente externo complejo como es el de la demanda pendiente de los fondos buitres. Incluso se ha intentado hacer alguna comparación con el contrato del gobierno peronista con la Standard Oil, que buscaba ayudar a desbloquear importaciones clave para el país que impedían avanzar con la industria automotriz, los ferrocarriles y la siderurgia, como mínimo.

Me permito ser escéptico sobre esta explicación y negativo sobre la comparación con otro momento histórico.

Nada indica que el gobierno de Estados Unidos pueda ejercer una vocación de colaborar con Argentina en el conflicto judicial, salvo por el interés de los bancos que cuentan con acreencias de deuda soberana del tercer mundo y a ellos no hay que seducirlos. Tal vez tengan más interés que nuestro país en que la decisión final nos favorezca.

En cuanto a la década de 1950, el General Perón mandó el contrato para ser aprobado a un Congreso en el que contaba con clara mayoría y sin embargo estuvo años allí sin ser aprobado, lo cual muestra que la estrategia buscaba liberar las importaciones argentinas – hecho que lamentablemente no sucedió – más que concretar el acuerdo.

No aparece una razón geopolítica. Debe ser otra cosa.


EL PRECIO DEL CONTRATO YPF – CHEVRON

Ya que no se alcanza a entender la necesidad estratégica del contrato, se hace necesario entrar en los detalles para examinar más a fondo su conveniencia puntual.

El contrato lamentablemente no se ha difundido, por lo que hay que basarse en los dichos de los protagonistas, en el decreto de promoción para inversiones mayores de 1000 Millones de dólares y en la normativa general.

Se nos dice que el acuerdo será del 50% para cada parte del petróleo y gas extraídos. Se pagan las regalías a la Provincia (12%) y los bienes son de libre disponibilidad. El gas se debe cargar inexorablemente al sistema, por razones técnicas, y el petróleo se vende en el mercado interno, porque las retenciones impuestas establecen una situación de indiferencia de precios entre el mercado externo y el interno. Al cabo de los 5 años – cabe aclarar que la concesión puede extenderse a más de 30 años – Chevron podrá exportar el 20% de su parte, o sea el 10% del total extraído, sin retenciones y sin ingresar las divisas al país.

De manera superficial y confusa muchos comunicadores señalan que esta última será la retribución de Chevron, cuando en realidad esto debe considerarse un ingreso adicional al normal de cualquier concesión, que es vender el petróleo y el gas, con rentabilidades históricamente altas.

No hay números claros a la mano sobre la ganancia resultante.

Solo algún número sobre la explotación gasífera que proviene de un comentario de Andrés Repar en ww.agenciapacourondo.com.ar.

Según este experto un pozo, al que cuesta perforarlo 7 a 8 Millones de dólares, genera un ingreso en su vida útil de unos 38 Millones de dólares. Estas sumas son al valor real de hoy, que se puede prever aumentará a lo largo de la concesión. Los análisis finos necesitan más datos que no se disponen, pero permítanme ser algo superficial y sostener que el retorno global sobre una inversión de 37.000 Millones de dólares no debería ser menor – a valor presente – de 70.000 Millones. Cada fracción de esa inversión que quede a cargo de un extranjero, cuando pueda hacerla un argentino, implica una pérdida relevante de patrimonio futuro. Peor aún cuando además de la renta normal se prevé un premio.


UNA SEÑAL NEGATIVA COLATERAL

Del plan YPF 2012 se vienen cumpliendo las previsiones, pero hay algo que no queda para nada claro. De las propias cifras de la empresa a consecuencia del contrato que estamos analizando, los aumentos de producción que llevarían a recuperar el abastecimiento interno requieren una inversión máxima de unos 10000 Millones de dólares. Todo indica que la cifra total presentada (37200 MM) busca usar Vaca Muerta y otros reservorios no convencionales para que Argentina pase a exportar petróleo en volúmenes significativos. Esto es una decisión que debería ser discutida más allá de YPF y más allá de la temática energética aislada.

Exportar un recurso no renovable puede ser una decisión, pero compromete a las generaciones futuras. Antes de hacerlo, debemos saber, como mínimo:

a) Qué plan tenemos para ir hacia una Argentina con energía sustentable en base a renovables para cuando se agoten los no renovables.

b) Cómo invertiremos los posibles excedentes energéticos para asegurar que la calidad de vida general, no solo la presente sino especialmente la futura mejora por esa decisión.

Esto es lo que discutió, por ejemplo, Noruega cuando descubrió petróleo en el mar y asignó todos los excedentes a una cuenta “Noruega futura”.

OTRA SEÑAL NEGATIVA COLATERAL
Establecer un régimen especial para inversiones mayores de 1000 Millones de dólares es reforzar en la conciencia colectiva que solo las grandes corporaciones marcan el camino de las soluciones importantes. La gran minería; el gran semillero de semillas transgénicas; los grandes hipermercados; las grandes terminales automotrices. Allí está el futuro de nuestra ventura y en su ausencia puede estar nuestra desventura.

Ese concepto no solo es errado. Es muy peligroso porque ante todo cercena culturalmente las iniciativas de muchos emprendedores individuales. ¿Para qué pensar un pequeño auto eléctrico si nadie cobijará mi desarrollo y alguna vez me encontraré terminando un prototipo a pulmón mientras veo en televisión que comenzará Honda o algún otro a armar esos autos? Lo mismo con los generadores eólicos pequeños, o con la agricultura familiar, o con la pequeña mina de cobre que quiera culminar en alambre de cobre, no en exportar concentrado primario. O con tantas otras cosas.

COMENTARIO FINAL

En todo lo antedicho puede haber errores cuantitativos, derivados de mala búsqueda de datos o de la falta de información ordenada por parte de YPF o de la falta de acceso al contrato, que no se ha difundido.

Sin embargo, no creo que haya errores cualitativos, en una perspectiva nacional y popular.
Tratando de bucear dentro de la pila panegírica de argumentación de buena voluntad, mezclada con los sofismas, las chicanas a la torpe e ignorante oposición y las medias verdades, no se entiende por qué se firmó un contrato de estas características.

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