La nausea amarilla (III)

"Si delegás en otra persona, a la que le pagás mal, la tarea de limpiar tu baño, por favor no me corras por izquierda. Gracias"
S.Ll.
Yo no sufragué: una oportuna minucia burocrática prolongó mi debilitado compromiso con estas democracias pecho frío. No sabía si votar o no a Filmus: Macri hincha un poco los huevos, pero no asusta. Y el fastidio causado por los globitos y los danzarines espasmos del empresario se ve compensado por cierto goce que me provoca advertir cómo el peligro amarillo atemoriza a mis amigos de izquierda, progres. 


Durmieron tranquilos: todxs votaron a Filmus. Lo votaron, pero sin dejar de mirar, con desconfianza y resignación, a Tomada, a Vudú, a Moyano, a Scioli, al PJ, a los intendentes del Conurbano, a los caciques de los clanes provinciales, a los punteros barriales, a los arribistas y vendidos que todo movimiento cobija en su seno (hasta con mierda se construye el movimiento, dicen que dijo Perón).

Mis amigxs son defensores irrestrictos de la escuela pública: sobre este tópico no hay discusión posible. Pero mandan (o van a mandar) a sus retoños a escuelas privadas. Como Filmus. No la necesitan ni la usan, pero la defienden con uñas y dientes. Como Filmus. Confían en que la escuela pública iguala las desigualdades y ofrece oportunidades a todxs por igual. El progresismo porteño es mucho más liberar que marxista, como Filmus. O Liberales-estatistas, como Vudú. Incluso, no titubean en su defensa despótica del Estado: viven mayoritariamente de él –sea como docente, sea como becario, sea para pucherear con proyecto y subvenciones estatales–. Y es más bien oscura su "retribución a la sociedad" (asemejan, en cambio,  planes Trabajar que fuerzan a que la clase media tramite sus angustias al interior de su living, en familia).

A mis amigxs progres les importa la política y festejan su regreso: la viven cada día a través de sus plasmas de infinitas pulgadas. A coro con Sandra Russo o  Tognetti, putean a Clarín. (Los mejores cerebros de mi generación destruidos por Facebook y 6,7,8: famélicos, histéricos, desnudos”, hubiese escrito Ginsberg si el azar y la desgracia lo hubiesen llevado a vivir este particular relámpago de la historia).

Mis amigxs progres prefieren no problematizar el vínculo con su trabajo, con sus amigxs, con su pareja, con sus hijos, con la paraguaya que les limpia la casa y les cría a los hijos, con su propia vida; optan por confiar, en cambio, en que las cosas más o menos se sostienen si uno permanece próximo a la norma. Como Filmus, carecen de imaginación y de vocación al riesgo (¡la guita que se podrían ahorrar en terapia arriesgando sólo un poquito!)

(En un puñado de años será Best Seller la obra intitulada El kirchernismo o la Gran Máquina Desproblematizadora del mundo, Trituradora de Toda Complejidad, Empobrecedora de la imaginación y nosotros, desde nuestra minusculidad, nos cagaremos bien de risa).

En el fondo, mis amigxs progres son conservadores. Pero, mucho peor, viven en una ciudad inexistente: son ciegos a la guerra de modos de vida (d.s. dixit) que se agita frente a sus narices (aunque crucen de vereda –¡por las dudas!— ante una gorrita sospechosa). No es racismo sino ausencia de común. Miedo por desconocimiento (¿otro triunfo kirchnerista?).

En definitiva, al margen de que una oportuna minucia burocrática prolongó mi debilitado compromiso con estas democracias pecho frío y evitó que me estuviese arrepintiendo de haber votado a Filmus, podría ser yo, si me descuido un solo segundo, cualquiera de mi amigxs progres. (M.A.)
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